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miércoles, 28 de octubre de 2015

María Santísima, destructora de todas las herejías


Sin fe no puede haber caridad, pero sin caridad puede haber fe, pero es una fe muerta. Sin fe, por otra parte, la caridad es imposible, porque no se puede amar a Aquel que no se conoce. La fe es conocimiento verdadero y certísimo de Dios (aunque no es evidente, ni directo “por propia especie”), y constituye por ello la norma del recto amor hacia Él. La ortodoxia es, así, la condición de la ortopraxis. Ortodoxia y ortopraxis son entrambas necesarias para entrar en el Reino de los Cielos: “sin fe no se puede agradar a Dios” (cf. Hb. 11,6), pero también “al atardecer de la vida seremos juzgados en la caridad” (San Juan de la Cruz, Palabras de luz y de amor, 1, 57). La Inmaculada Virgen, hecha Iglesia, es maestra de fe y maestra de caridad. Por ser maestra de la caridad debe ser maestra de la fe, y por ser maestra de fe debe ser también la que revele las herejías, que corrompen la Fe privándola de su valor salvífico.
La Virgen María es la reveladora de todas las herejías porque es la enemiga victoriosa del “padre de la mentira” (Jn. 8,44), que es también el padre de todas las herejías. El “padre de la mentira” es el diablo, y todos aquellos que tienen al diablo por padre son mentirosos como él, y la mentira que más aman es la herejía, porque corrompe la Fe, impide la caridad y, con ello, el ingreso en el Reino de los Cielos.
La imagen bíblica que mejor representa a la Virgen reveladora de las herejías es elprotoevangelio (Gn. 3,15), y su mejor interpretación iconográfica es aquella de la tradición franciscana. En ella se puede ver a la Madre y al Hijo juntamente victoriosos sobre la serpiente infernal: esta es golpeada simultáneamente sobre la cabeza por la Cruz empuñada por Cristo y por el pie inmaculado de la Virgen.
Sin embargo, después de 2000 años de evangelización, es necesario hablar, no solo de herejía, sino también de verdadera y propia apostasía, o sea del abandono total de la Fe por parte de masas enteras de población. La constatación es de Juan Pablo II: “La cultura europea da la impresión de una apostasía silenciosa de parte del hombre satisfecho, que vive como si Dios no existiera.” (S.S. Juan Pablo II, Angelus del 13/07/03)
Y, si hace 10 años la apostasía era silenciosa, ahora clamorea y agrede. El por qué de esta inquietante y dolorosa situación se podría buscar en la lógica del “ya pero todavía no”: la victoria de la Virgen es ya en acto, pero todavía no plenamente. Como el Reino de Cristo. El gran retraso respecto del mandato misionero universal es directamente proporcional al retraso con que se acepta su modo mariano: Regnum Christi venit per Mariam (El reino de Cristo viene por María).
En Occidente, sin embargo, no sólo estamos retrasados, sino que estamos en claro retroceso. El Regnum Christi (Reino de Cristo) está perdiendo mucho terreno bajo los golpes de la herejía, del laicismo estatolátrico y del Islam. Como en el S. VII, en que el Islam conquistó el norte de África y el Medio Oriente, que estaba infectado de la herejía maniquea, nestoriana, monofisita, monotelita, etc., así ahora está conquistando aquellos sectores de la Europa infectados de la apostasía, o de la herejía neo modernista, que es la síntesis de todas las herejías (cf. San Pío X).
Fuente: R. P. Alejandro M. Apollonio, F.I., Editorial “Gaude Virgo María, cunctas haereses sola intermisisti in universo mundo, Inmaculada Mediadora revista internacional de teología mariana, Italia 2012.
Fuente de la que se tomo el presente articulo, Arcadei - www.arcadei.org/blog