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viernes, 25 de marzo de 2016

25 de Marzo 1991 - 2016 Aniversario de la muerte de Su Eminencia Reverendisima Monseñor Lefrebvre


Los últimos 17 días de Mons. Lefebvre

Entrevista a Jo Grenon, Director del Hospital de Martigny, por Eric Bertinat, para Controversias
El Sr. Jo Grenon es el Director del Hospital de Martigny quien con gran entrega se ocupó de Monseñor durante su hospitalización.
Nos recibió con gran amabilidad para contarnos los últimos días del fundador de la Fraternidad San Pío X.

Sábado 9 de marzo, Monseñor Lefebvre entra al hospital de Martigny.  Usted estuvo entre los primeros que los vio.  ¿Cómo lo encontró/vio?

En cama, ¡sonriendo y confiado!  Monseñor estaba en urgencias.  Después, lo instalamos en la recámara 213, un cuarto privado situado en el segundo piso.  En esa pieza, Monseñor vio sobre la Forclaz, es decir, Francia, y sobre el pico del Gran San Bernardo, Italia, Roma…

¿Cuáles fueron los exámenes que le fueron practicados a Monseñor durante los primeros días?

Durante toda la primera semana, Monseñor fue alimentado por perfusión, con antibióticos.  Aparte de los análisis de rutina, sufrió numerosos exámenes en los que algunos son muy dolorosos.  Aun cuando los médicos habían ya diagnosticado el mal, juzgaron prudente el hacerle a Monseñor un escáner.  También debimos conducir a Monseñor al Hospital de Monthey.  Le pregunté si no prefería llegar en automóvil, en vez de ambulancia, atado a una camilla.  Aunque yo insistí sobre la solución el automóvil, Monseñor prefirió la ambulancia.  El jueves por la tarde hice que le llevaran una comida.  Sufría por no poder comer normalmente.

¿Sufrió mucho Monseñor?

¡Sí!  Desde su llegada, me dijo sufrir un martirio.  Luego los dolores se fueron atenuando bajo el efecto de los medicamentos.

¿Cuál fue el contacto entre Monseñor y las enfermeras que lo cuidaban?

Las enfermeras lo encontraron muy amable, muy dulce, pero también excepcionalmente discreto.  Jamás utilizó el timbre de servicio.  No quería molestarlas.

¿Cómo estuvo Monseñor durante esa primera semana?

Durante esa semana repitió varias veces: “Soy un hombre viejo”.  Estaba un poco inquieto por una posible operación.  Pero no estaba al mismo tiempo resignado y confiado.  Pienso que probablemente no supo la amplitud exacta de su mal.

¿Y espiritualmente?

El lunes siguiente, el 12, pidió recibir la Extrema-unción.  Al día siguiente, me explicó: “Pedí la Extrema-unción, ¡es muy importante!  Mi hermana se fue sin este sacramento”  En varias ocasiones me dijo: “Ya terminé mi trabajo, no puedo más.  Estoy agotado, ahora no me queda más que rezar y sufrir”.

¿Habló de la Fraternidad, de su porvenir?

Una larga charla con Monseñor a mitad de la primera semana me permitió escucharlo decir su satisfacción de la obra cumplida.  “La Fraternidad está en buenas manos y enriquecida con cuatro obispos llenos de celo” me dijo.  Y de maravillarse de Monseñor Fellay que habla cinco idiomas “como yo hablo (sólo) Francés, ¿se da cuenta?”.  Me habló también de los directores y de los profesores de los seminarios “entregados/consagrados y en buen lugar”.  Monseñor estaba perfectamente sereno y aparentemente muy contento por el futuro.

Usted me habló del respeto que imponía a los médicos…

Si, si.  Un médico incluso me contó haber estado subyugado por Monseñor.  “Cuando uno cruza su mirada, uno encuentra la bondad divina” me dijo.

¿Cómo se ha desarrollado la operación del lunes 8 de marzo?

A las 9 de la mañana, Monseñor fue conducido a la sala de operación.  La operación duró de las 9:30 a las 12:30 hrs.  Después lo llevaron a la sala de cuidados intensivos.  Monseñor tuvo un despertar difícil y sufrimientos intensos durante los 2 a 3 días que siguieron a la operación.  Después todo fue mejor, lo levantábamos un poco pero el corazón permaneció fatigado.

¿Los médicos dieron a Monseñor medicamente para calmar el dolor?

¡Por supuesto!  Monseñor estuvo bajo una supervisión médica en todo momento.  Gracias al equipo moderno con el que está equipado el hospital, seguimos con exactitud los progresos del dolor.  Pudimos así, dar a Monseñor con mucha precisión la medicina adecuada para aliviar sus dolores.

Llegamos al final de la última semana

Viernes, me pide darle su cadenilla – esa pobre cadenilla, con simples medallas, es para mí uno de los recuerdos más emocionantes de los últimos días de Monseñor – su reloj y su aparato auditivo: una prueba del bienestar del enfermo.  Sábado, pensamos en regresarlo a su recámara desde el domingo.  “Pero las enfermeras querían dejarme aquí” me dijo bromeando el domingo, la esperanza hizo rápidamente lugar a la inquietud.  Monseñor tuvo temperatura.  El médico cardiólogo le hizo una ecocardiografía y decide guardar a Monseñor en cuidados intensivos.  El domingo por la tarde, Monseñor empieza a hablar mucho.  Pero a través de la máscara de oxígeno, es difícil entenderle.  Percibo sin embargo, “Todos somos sus hijitos”.  ¿Tenía ya la visión del cielo? En todo caso, él hablaba del Buen Dios.  Al momento en que lo dejo, me sonríe por última vez y me extiende la mano en señal de adiós…  El domingo por la tarde, recibo una llamada telefónica de la enfermera responsable.  Estamos tratando de reanimar a Monseñor pero no va muy bien. Decido alertar al Padre Laroche.  Luego la enfermera responsable me llama para decirme que el ritmo cardiaco ha regresado a la normalidad.  A las 3:30 hrs una última llamada para informarme del deceso de Monseñor.

Usted fue de las primeras personas que vieron muerto a Monseñor.  ¿Cómo lo encontró?

Fui inmediatamente a cuidados intensivos.  Encontré el cuerpo inanimado de Monseñor.  Fui terriblemente golpeado por el parecido entre el cuerpo de Monseñor y los cuadros representando a Jesús descendido de la Cruz.  Monseñor tenía sólo una sábana que le cubría la cadera.  Sus manos y sus brazos presentaban las huellas de los largos sufrimientos que venía de sufrir.  Sus piernas estaban muy lastimadas, que después de años le hacían sufrir.  Pienso, aun muy a menudo en esa última imagen de Monseñor, ahí, tendido sobre su cama en cuidados intensivos, como Cristo bajado de la Cruz…
Fuente: www.laportelatine.org



Queridos hermanos en este viernes Santo del año del Señor 2016, pidamos por el eterno descanso del fundador de la FSSPX, gracias a su sacrificio, su inmolación, se ha conservado vivo hasta nuestros dias, la llama de la tradicion, de la única y verdadera tradicion que hace a nuestra Santa Madre Iglesia. Monseñor Marcel Lefrebvre injustamente perseguido por los masones modernistas, condenado por el Papa Juan Pablo, II casi a la puertas de la muerte. ¿Por que?... Por su defensa tenaz contra los enemigos, que hoy sin ningun disimulo, muestran sus asquerosas garras, que desangran, lastiman y deforman cada día con mayor ahincó  a Nuestra Santa Madre Iglesia. Para el no hubo misericordia, por parte de los príncipes de la Iglesia. Mas el tribunal justo de Dios, donde se sentaran Papas, Emperadores, reyes, poderosos, clérigos, seglares, ricos y pobres, en ese Tribunal Santo, seguro abra justicia para los que defendieron la fe frente a las aberraciones del fatídico Concilio Vaticano II, donde la gran caída comenzó y la labor incansable y constante de los enemigos de la fe católica, hacen su trabajo sin descanso, desde fuera y lo mas triste, desde dentro de la misma Iglesia. Hoy deformando no solo la liturgia y la tradicion de la Iglesia, sino re interpretando y acomodando al mundo la palabra inalterable de Nuestro Señor Jesucristo- En nombre de una falsa misericordia y de un nefasta eucumenismo, entre otros muchos males, que no alcanzaría a enumerar. Justicia clamamos al cielo, todos los fieles catolicos, que eso lobos disfrazados de cordero, sean alcanzados por la Justicia Divina y todos los que han sido, son y seguirán siendo por ahora perseguidos por esas fieras, tengan la palma de la victoria y esten entre los angeles y los Santos del Cielo.
Oración por el Eterno descanso de S.E.R. Monseñor Lefrebvre y por las intenciones de nos pequeño rebaño en Mar del Plata.

ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN
DEL ALMA A CRISTO


Señor, te encomendamos el alma de tu siervo Monseñor Marcel Lefrebvre y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus Angeles, patriarcas y santos, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por Ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados, recuerda la obra de amor y la pasión con por la que defendió a Tu Iglesia, que es Una, Santa, Católica, Apostólica y Romana, fuera de ella no hay salvación

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

Seguramente su alma, a pesar de todas las injusticias por el sufridas en manos de malos servidores, su injusta excomunión, mientras otros pecadores contumaces eran protegidos, por el Papa Juan Pablo II y que aun hoy perdura esa injusticia, contra su persona, aquie en este Valle de lagrimas, pero como sabemos que Dios conoce los corazones de los hombres, sus rectas o torcidas intenciones, damos por cierto que esa injusticia, Dios en su infinita misericordia, la ha salvado. Dios guarde en el Reino de los Cielos al alma generosa y luchadora de nuestro querido Obispo Monseñor Lefrebvre.