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viernes, 31 de octubre de 2014

NO a Halloween. Es una fiesta pagana y satánica. Dia en que los adoradores de Lucifer se regocijan.



Acerca de Halloween

Halloween es una festividad de origen pagano que fue luego cristianizada por la Iglesia, instituyendo la fiesta de Todos los Santos y la Memoria de Todos los fieles difuntos; pero que hoy, en el mundo civil, ha recuperado su original orientación pagana e incluso demolátrica (adoración al demonio). Se celebra actualmente en la noche del 31 de octubre al 1º de noviembre, en dos ámbitos diferentes: el esotérico (brujería) y el popular. Según estos ámbitos, tiene en el primer caso un fin directamente demoníaco, y en el segundo, un fin de esparcimiento pagano (que puede ser indirectamente demoníaco).

Halloween y la brujería

Sobre todo en la actual Wicca, (brujería) y en diversas sectas satánicas, Halloween ha recuperado su condición original de celebración celta pagana y la ha especificado con la adoración, invocación y entrega al demonio mediante sacrificios humanos, seguidos de orgías, realizados principalmente en las misas negras. En este ámbito, Halloween es uno de los ocho aquelarres anuales que se han resucitado recientemente, donde las actuales brujas y sectas demoníacas se reúnen para renovar cultos esotéricos ancestrales, renegar de Dios, unirse al demonio y adorarlo, ofreciéndole el sacrificio de animales o también de niños o jóvenes, según el testimonio de la ex satanista convertida Cristina Kneer de Vidal. Para dichos sacrificios “se eligen preferentemente niños porque son los que aún no han pecado y son los preferidos de Dios”, afirma Kneer. La mujer explica que, por este y muchos otros motivos, la noche de Halloween no debe celebrarse por ningún católico.
La ex bruja Doreen Irving, reina de las brujas negras de Europa, luego de convertida al cristianismo afirmó que, si los padres supieran lo que es realmente Halloween, jamás hablarían de él a sus hijos.
El mismo Antón Lavey, sumo sacerdote de la Church of Satan (iglesia de Satanás) autor de la “bibliasatánica”, dice que hay tres días sumamente importantes para todo satanista, de los cuales el más importante de todos es Halloween. En esos días la iglesia satánica cumple, entre otras, las siguientes celebracionesAyunan para buscar la voluntad de Satanás. Ritual para maldecir el cuerpo de Cristo. Confesión de los pecados contra Satanás. Bendicen a los integrantes de los grupos musicales y de artistas satánicos. Ordenan a los ministros del rock, músicos, “managers”, promotores, involucrados en el satanismo.

Halloween popular

La sociedad de consumo norteamericana está difundiendo en otros países la celebración popular de esta noche imponiendo una serie de prácticas que son resabio de las costumbres paganas pre-cristianas. Para los católicos creyentes esta participación siempre es negativa:
* Cuando se celebra meramente por frivolidad o snobismo.
* Cuando está indirectamente unida a la celebración de la Noche de Brujas;
* o cuando directamente las personas se unen por signos o invocaciones a los espíritus malos.
En pocas palabras, Halloween es una fiesta pagana sin sentido para los cristianos, que directa o indirectamente atenta siempre -de modo leve o grave- contra el primer mandamiento, que nos manda dar el culto y la adoración a solo Dios.

Origen del “trick or treat” (Truco o trato): Hoy en día, los niños que celebran Halloween golpean las puertas para pedir caramelos diciendo: truco o trato -o una frase equivalente-, llegando a perpetrar toda clase de maldades contra quienes no les dan lo que piden. Esta práctica se remonta a lo que hacían los sacerdotes druidas: disfrazados de fantasmas y brujas, recorrían las casas del vecindario exigiendo alimentos -y en algunos casos niños y vírgenes- para ofrendar en sacrificio a su dios Samhain en el festival de la muerte. Si la gente no daba el alimento o persona que exigían, se lanzaba una maldición sobre la casa o bien se vengaban quemándole el terreno, matando su ganado, etc.

Varios Obispos católicos previenen sobre el efecto nocivo de la celebración de Halloween, dada la vinculación que establece con el demonio. Dice uno de ellos: “Tanto los padres cristianos como todos aquellos que creemos en los valores de la vida, debemos saber que la fiesta de Halloween es una adoración a Satanás, quien se hace presente de modo sutil a través de la apariencia de esta fiesta, detrás de los juegos de los jóvenes y niños.”
El padre Joan María Canals ha explicado que Halloween "no es inocente, pues tiene un trasfondo de ocultismo y de otros tipos de corrientes que dejan su huella de anticristianismo".

La voz de renombrados exorcistas

El P. Gabriele Amorth, exorcista principal de la Diócesis de Roma, al referirse a la celebración cada vez más generalizada de Halloween, afirma lo siguiente:
Festejar la fiesta de Halloween es alabar al diablo, el cual, aunque es adorado en una noche, desde entonces se toma sus derechos sobre las personas. No nos maravillemos si el mundo parece estar cada vez más patas para arriba, y si los consultorios de psicólogos y psiquiatras pululan con niños que no pueden dormir, o son insoportables, agitados; o abundan los jóvenes obsesionados por el suicidioEsos macabros disfraces, esas invocaciones aparentemente infantiles, no son otra cosa que una forma de culto a Satanás, príncipe de este mundo”.
Y continúa el P Amorth: “La fiesta de Halloween es una especie de reunión espiritista presentada bajo la forma de juego divertido. Y en esto hay una gran astucia del demonio. Porque todo se presenta bajo una forma lúdica e inocente. De la misma manera como es presentado el pecado en el mundo de hoy”. Y recuerda que, al contrario, en varias ciudades de Italia, se celebra la “fiesta de la luz”, una verdadera y oportuna contraofensiva a estos festejos de las tinieblas, con cantos al Señor y juegos inocentes para los niños.

El P. José Antonio Fortea, famoso exorcista de Madrid, relata algunos casos concretos de posesión e influencia diabólica. Cuenta el caso de un niño que, desde que se hubo disfrazado en la noche de Halloween y festejado dicha fiesta, terminó por ser poseído por el demonio. El relato es muy iluminador respecto a la celebración de Halloween, porque:
a) Ni el niño ni sus padres tenían una intención directa de hacer esoterismo o brujería: eran ignorantes del tema,simplemente compraron el disfraz para que el chico se divirtiera como los demás chicos del colegio.
b) El demonio vino al niño, dado que él usó determinados signos (disfraz de calavera, bocha ensangrentada, machete), que lo vinculaban al demonio.
c) Los signos que se refieren a Satanás son vinculantes con él: no es lo mismo vestirse de flor, de osito, o de angelito, que vestirse de demonio, de calavera, de muerte, etc. Éstos últimos son “vinculantes” con el demonio y son una puerta abierta a la acción del Maligno en los incautos que los usan.
d) No debemos olvidar que en la noche del 31 de octubre, en las celebraciones de las misas negras y demás ritos satánicos, se consagra a Satanás a todos los niños del mundo y se le hacen especiales oraciones y sacrificios para que sea su dueño, su dios, su rey. Estas invocaciones dan poder a los espíritus del mal para hacer daño a los desprevenidos que los llaman.

Conclusión: Los motivos arriba expuestos explican por qué todo buen católico debe oponerse a la celebración de Halloween: lo que está en juego es la misma salud, espiritual y física, de los niños. Nuestro deber es protegerlos. Para eso es preciso apartarlos de tales prácticas, y tanto mejor si se lo hace reemplazándolas por otras que sean buenas y edificantes.

Fuente: Tomado de los escritos de un Monje Benedictino

BIEN Y MAL, TERRIBLE DUELO


BIEN Y MAL, TERRIBLE DUELO

Escribe, hijo. Padre L. desea hablarte.
Sí, hermano, también yo deseo hablarte.
Todo el bien que un alma en gracia realiza, así como el mal que un pecador hace, es materia del juicio particular y del juicio universal. Si luego el pecador sinceramente se convierte, Dios, justo juez, quemará en su infinita misericordia el mal realizado antes de su conversión.
Hermano mío Don O., estas cosas tú ya las conocías y entonces lógicamente me preguntarás por qué ahora te las estoy diciendo.
Si te las digo es porque son como premisas al mensaje que estoy para darte.
Aquel que ama a Dios con humildad de espíritu y sinceridad de fe, con voluntad de conocerlo y servirlo cada vez mejor, es hecho objeto de todos los dardos de las poten­cias oscuras del infierno.
Los hombres de este siglo materialista, los paganos de esta generación no tienen, ni pueden tener ni la más mí­nima idea de lo que pasa y se desarrolla entre el alma resueltamente fiel a Dios y las potencias oscuras del in­fierno. El mundo, esto es, los que son del mundo y no de Dios, no creen y no pueden creer en el misterioso pero real duelo, siempre en acto entre las almas santas y el in­fierno.



Los buenos son probados en proporción a su bondad

El mundo es de Satanás, que es oscuridad, y no puede producir más que oscuridad en las almas que le tienden a él el oído. El animal, que pertenece a un reino inferior al del hombre, está en la oscuridad de todos los problemas que agitan la mente y el corazón del hombre. El hombre al que Satanás ha destruido la vida sobrenatural en su corazón, pertenece a un reino inferior al que pertenece un hombre en Gracia de Dios, por lo que el hombre que no tiene en sí el Reino de Dios, esto es, la Gracia, ve las cosas, pero sólo en clave natural - esto también se te ha dicho ya en un mensaje precedente - porque un velo misterioso envuelve al alma de los que no están en Gracia de Dios; he aquí porqué muchos Consagrados, sea que estén en la base o en el vértice, no ven el velo que les envuelve el alma, casi siempre es la soberbia, "radix omnium malorum" (raíz de todos los males).
Las hostilidades de las fuerzas del mal están en la medida del avance que el alma hace en la perfección y en la santidad. Las almas buenas son probadas en la medida de su bondad mientras que los indiferentes son dejados sin molestias y los malos son favorecidos en sus cosas materiales por los mismos demonios.
No por esto quiere decir que los demonios quieran a los réprobos, - ellos son incapaces de amor, aún del más tenue acto de amor, - ellos odian ferozmente a todas las almas porque odian a la naturaleza humana que ha hecho posible la Virgen Inmaculada, Cristo Señor y Redentor y a la Iglesia, que forman el epicentro de todo su odio.
Por qué, Don Octavio, los demonios, aun odiando indistintamente a todos los hombres, favorecen en sus aspiraciones humanas a los perversos, por una exigencia de su estrategia y  plan de perdición eterna de las almas, ellos no son pacientes, sino que saben malignamente esperar.
¿Qué importa esconder por algunos años a sí mismos y su odio, con tal de arrancar almas a Dios, a Jesús Redentor y a la Virgen Corredentora, con tal de precipitar al infierno los frutos de su incesante actividad, dirigida toda a esta finalidad?
Hermano mío, D.O., aun habiéndose ya dicho a ti muchas cosas acerca de estos seres inmundos, Yo he considerado oportuno agregar alguna nueva noción sobre su estrategia o táctica usada en su pérfida actividad.
Jesús obra en la luz y con el amor, los demonios obran en las tinieblas y siempre animados por el odio. Luz y tinie­blas están frente a frente; vida y muerte en un prodigioso duelo se han enfrentado y se enfrentan, porque la Reden­ción está en acto.



El rechazo de Dios

En la Iglesia nueva se deberá hablar mucho de cuanto te he dicho, dada la incredulidad de este siglo que se ha hecho pagano, que como justamente te ha sido dicho "de todo ha hecho Dios, menos de Dios".
Este horrible pe­cado del rechazo de Dios que no tiene precedentes por su extensión y gravedad, será borrado de la faz de la tierra con un rigor tal, también sin precedentes en la historia del género humano.
D. Octavio, te he hablado de enfrentamiento y de ás­pero conflicto; esto podría llevarte a pensar casi en una paridad de las dos partes, pero no es así, ninguno sea tentado de poner sobre un mismo plano a las dos par­tes opuestas. Dios es infinitamente más grande que el enemigo suyo y nuestro. Dios podría destruir a su adversario, valiéndose de su Omnipotencia así como de su Omnipoten­cia se ha valido para su creación.
¿Por qué no lo hace entonces?
Porque esto no entra en el plano de su Providencia Divina. Ab aeterno sabía que, creando a los Ángeles y crean­do a la humanidad ocurriría el gran desafío y la increíble rebelión de una y de la otra naturaleza. Dios no quita jamás lo que Él da. A la naturaleza angélica y a la naturaleza humana ha dado, entre otros dones, el don de la libertad, - responsabilizando así a una y otra naturaleza; en otras palabras nada ha quitado sea a la naturaleza angélica o a la humana.
¿Y los dones preternaturales y sobrenaturales  regalados a la naturaleza humana?
Hermano, no fueron quitados por Dios, sino destruidos por el pecado.
Pon mucha atención, hermano; aun antes de que nuestros progenitores fueran llamados por Dios para dar razón de su desobediencia, se dieron cuenta de que estaban desnudos, esto es, un instante después de su pecado, y cuando Dios los llamó, tuvieron vergüenza; cayeron en la cuenta de haber destruido su vestidura nupcial, cándida e inmaculada, no retirada por Dios sino abrasada por la concupiscencia del espíritu y de la carne. Esta es la historia que se repite en cada alma cada vez que peca mortalmente. Es el pecado lo que obra nuestra ruina, es sólo y siempre el pecado de­liberadamente querido y conscientemente consumado.
A la naturaleza angélica, puesto que es más perfecta y potente que la naturaleza humana, no le fue dada la po­sibilidad de arrepentimiento y por lo tanto de regenerarse.



Diversas artes y estrategias de los demonios

La Redención es para todos los hombres, hecha excepción de aquellos que deliberadamente la rechazan.
Las po­tencias oscuras del mal, - envidiosas y celosas y llenas de rabia, - por no haber tenido lo que sí se ha concedido a los hombres de buena voluntad, - usan los dones con los que han sido dotados, de inteligencia y de voluntad para seducir al hom­bre, y para involucrarlo en su misma suerte desespera­da.
En ésta su nefasta actividad usan artes y estrategias diversas, según las circunstancias.
He aquí porqué con las almas elegidas, todas dirigidas hacia Dios usan el choque frontal y al descubierto. Todos los santos conocen y han conocido esta tremenda lucha; nunca por sí solos hubieran podido salir de ella victoriosos, sin una particular ayuda de lo alto. Con las almas buenas se limitan a acciones de molestia, de tentacio­nes aún violentas, con los perversos la táctica es la de favorecerlos en todas sus aspiraciones humanas, reservándose para después desfogar su sádico odio, en el momento en el que están seguros que esas almas les pertenecen ya para siempre a ellos.
Hermano Don O., ánimo. Él jamás abandona a quien en Él espera, cree y confía.
Dios te bendiga ahora y siempre.
Padre L.
(“Confidencias de Jesús a un Sacerdote” 18/MAY/1977 - P. Michelini)

Oracion para rezar con el Crucifijo en alto.

(“Levanta el Crucifijo y reza esta oración con la señal de la cruz. Has esto en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo. Tú vencerás… Reza esta oración todos lo días, ya que la batalla es enorme…”)
Oh Glorioso príncipe de la Hueste Celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla y en el terrible combate que estamos librando contra los principados y Potestades del aire, contra los Dominadores de este mundo tenebroso, en contra de todos los Espíritus del Mal. Ven en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho en ayuda del hombre, a quien Dios Todopoderoso creó inmortal, hecho a su imagen y semejanza, y redimido por un gran precio, de la tiranía de Satanás.
Pelea en este día la batalla del Señor, junto con los santos ángeles, igual que combatiste al líder de los orgullosos ángeles, Lucifer, y a su hueste apóstata, quienes no tuvieron poder para resistirte y tampoco hubo ya lugar para ellos en el cielo. Esa cruel serpiente antigua, llamada el diablo o Satanás, que seduce al mundo entero, fue arrojada al abismo junto con sus ángeles. Mira, este enemigo primitivo y asesino del hombre ha tomado fuerza. Transformado en un ángel de luz, anda alrededor del mundo con una multitud de espíritus perversos, invadiendo la tierra para borrar el nombre de Dios y de Jesucristo, apoderarse, asesinar y arrojar a la eterna perdición de las almas destinadas a la corona de la gloria eterna. Este malvado dragón vierte, como la inundación más impura, el veneno de su malicia en los hombres de mente depravada y corrupto corazón; el espíritu de mentira de impiedad, de blasfemia, y de aire pestilente de impureza, y de todo vicio e iniquidad.
Estos astutos enemigos han llenado y embriagado con hiel y amargura esta Iglesia, la esposa del Inmaculado Cordero, y han puesto sus manos impías en sus más sagradas posesiones. En el Santo Lugar, en donde la sede de San Pedro y el asiento de la verdad han sido colocados como la luz del mundo, ellos han levantado el trono de su abominable impiedad, con el designio inicuo de que cuando el Pastor sea herido, también las ovejas pueden ser heridas.
Entonces levántate, oh Príncipe invencible, dale ayuda al pueblo de Dios en contra de los ataques de los espíritus perdidos. Dale la victoria al pueblo de Dios: Ellos te veneran como su protector y patrón; en ti la gloriosa Iglesia se regocija con tu defensa contra el maligno poder del infierno; a ti te ha confiado Dios las almas de los hombres para ser establecida en bienaventuranzas celestiales. Ora al Dios de la paz, para que ponga a Satanás bajo nuestros píes, derrotado para que no pueda más mantener al hombre en cautiverio y lastimar a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones a la vista del Altísimo, para que pronto pueda encontrar misericordia a los ojos del señor; y venciendo al dragón la antigua serpiente que es el diablo y Satanás, tú nuevamente lo pongas cautivo en al abismo, para que no pueda ya más seducir a las naciones.
Amén.
L: Miren la Cruz del Señor; y sean dispersos los poderes enemigos.
R: El León de la tribu de Judá ha conquistado la raíz de David.
L: Qué tu misericordia esté sobre nosotros, oh Señor.
R: Así como hemos tenido esperanza en Ti.
L: Oh Señor, escucha nuestra oración.
R: Y deja que mi llanto llegue a Ti.
L: Oremos
Oh Dios, Padre nuestro, señor Jesucristo, invocamos a tu Santo Nombre, y suplicantes imploramos tu clemencia, para que por la intercesión de la siempre Virgen María, Inmaculada Madre nuestra, y por el glorioso San Miguel Arcángel, Tú te dignes ayudarnos contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos, que andan por el mundo para hacer daño a la raza humana y para arruinar a las almas.
Amén.
Fuente: Libro de la Devoción a la preciosa sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

martes, 28 de octubre de 2014

Che sos Cismático...Dale las gracias a la misericordia del papa Fracisco y de algunos de sus obispos lambe calcetines

(Publicado en la revista “Latín Mass” en 1995).

De http://www.statveritas.com.ar/

Si sos Cismatico te perdes toda esta diversion, que esta en sintonia con lo que Dios quiere, seguramente.... Si..Si.. No...NO..













Y se podria estar mas de dos años con las fotos solamente que se publican en internet.... "misas" con masones, tematicas de diversa índole, bendiciones a géneros... En fin cuidado... que che que no te declaren cismatico por no participar de estas fiestitas.

¿CIERTOS CLAROS EN EL NUEVO CODIGO CANONICO?

A pesar de sus conclusiones, una tesis sobre el asunto del Arzobispo Lefebvre, obtiene altos honores de la Gregoriana.
El P. Gerald E. Murray es un sacerdote de la Arquidiócesis de Nueva York y está trabajando en su doctorado sobre el Código Canónico, en la Universidad Gregoriana de Roma, que es, probablemente la institución más prestigiosa de altos estudios en esta materia. Obtuvo su licenciatura en junio último, después de una exitosa defensa de su larga tesis titulada: "El Estado Canónico de los Fieles Asociados con el Arzobispo Marcel Lefebvre y la Fraternidad San Pío X.-¿Están Excomulgados por Cismáticos? ".
Steven Terenzio resumió en un artículo la tesis del P. Murray, siguiendo la siguiente entrevista de el clérigo de Nueva York, que habló en agosto con Roger McCaffrey.

La Misa Latina: ¿Podría resumir las conclusiones de su estudio en términos accesibles para los Jaicos, si fuera posible?
P. Gerald Murray: Me puse a examinar si los laicos que asisten a Misa o reciben los sacramentos en las capillas de la Fraternidad San Pío X están excomulgados como cismáticos o no. Mi trabajo se basa en el hecho de que los obispos que fueron ordenados por el Arzobispo Lefebvre - y el mismo Lefebvre - fueron excomulgados por el Papa al tiempo de las consagraciones.
A través del Cardenal Gantín.
A través del Cardenal Gantín exactamente y después, el Papa se refirió al tema en su cartaEccIesia Dei que él mismo firmó, y que es su documento personal. El punto interesante es, ver cómo esa excomunión así declarada por la Santa Sede, afecta a otros.
Cómo afecta a sacerdotes y laicos.
Si. Mi conclusión es, que, hasta donde yo puedo ver, ellos no están excomulgados como cismáticos, porque el Vaticano nunca dijo que lo estén. Los únicos que fueron claramente identificados como excomulgados y cismáticos fueron seis, los cuatro obispos ordenados, así como Lefebvre y el Obispo de Castro Mayer. La pregunta es: ¿Cómo afecta esto a los que están conectados con las capillas de la Fraternidad San Pío X? Es por esto que investigué y escribí este artículo.
Pero para llegar esta conclusión, v. g. que los fieles y los sacerdotes no están excomulgados como cismáticos, según los términos del nuevo Código, usted debe haberse planteado la cuestión de si Lefebvre y los otros obispos estaban excomulgados ¿es así?
Correcto.
¿Por qué estudió este aspecto primero y a qué conclusión llegó usted después?
Si usted puede llegar a la raíz del punto, después el desarrollo de ese planteo aparece más claro. Así pues, si Lefebvre está excomulgado como cismático, entonces hay posibilidad de que los demás también lo estén. Si Lefebvre hizo cisma y las demás personas son parte de este movimiento, quizás ellos sean parte de este cisma. Bueno, se llega a esto de una o dos maneras. O usted argumenta que sólo Lefebvre y los otros obispos fueron excomulgados, cualquier otro estaba exento por indicación específica de la ley y del dador de la ley (en este caso el Papa y sus asociados), o usted puede querer demostrar que verdaderamente Lefebvre miim no fue excomulgado, y entonces ningún otro lo fue. En este segundo caso llegué a la conclusión, que canónicamente hablando, él no ha sido cismático, castigado por el Derecho Canónico. Es culpable de un acto de desobediencia al Papa, pero lo hizo de tal manera, que se puede escudar en una precisión de la ley, que lo pudo salvar de ser automáticamente excomulgado latae sentetiæ por este acto. Pudo, por cierto, haber sido excomulgado ferendæ sententiæ , un acto positivo del Papa.
¿Así que hay dos razones por las que usted piensa que los sacerdotes y los fieles no están excomulgados? ¿Dos razones canónicas?
Si, en una amplia pincelada, yo diría eso. Los únicos que sufrieron una excomunión declarada, fueron los seis obispos, ahora bien, en el Derecho Canónico, ser excomulgado no depende simplemente, de una declaración dada por la autoridad de la Santa Sede. La ley en sí misma contiene las penalidades llamadas latæ sententiæ que quiere decir que si usted hace una acción ilegal, ilegal en los términos del Derecho Canónico, usted puede automáticamente incurrir en la penalidad que corresponde a esa acción. Hay una latæ sententiæ, una pena automática, adosada a caer en cisma.
Pero en el caso de la Fraternidad San Pío X, el Vaticano en ningún momento declaró que algún sacerdote o laico sea cismático. Alertaron a la gente para que no asistieran o adhirieran a un cisma, pero nunca le dijeron a la gente lo que específicamente quería decir esto. Por lo tanto hay una duda en la ley, o en el hecho de si alguien es verdaderamente cismático o no.
Digamos que el Sr. Sinith va a una capilla dirigida por un sacerdote de la Fraternidad S. P. X. ¿Ese sacerdote es cismático por pertenecer a la misma? Esto nunca fue dicho específicamente por el Vaticano. Por lo tanto puede haber una duda. Por lo que sabemos, la Fraternidad San Pío X sostiene que ellos no están en un cisma. Entonces el padre podría estar actuando de buena fe, diciendo: "no soy cismático ni estoy adhiriendo a un cisma, porque no hay tal cisma". Un laico podría tener la misma creencia de buena fe y por lo tanto no se le podría decir: "Usted llena las condiciones de la ley, incurre en una pena automática, porque conoce la violación a una ley".
El Vaticano ha dado una regla en un caso específico. Hace unos dos años, un grupo de laicos de Hawaii fueron excomulgados por su obispo, Ferrario, por haber asistido a Misas celebradas por un obispo de Lefebvre. El Cardenal Ratzinger desconoció la decisión del obispo. ¿Esto entra en su alegato?
No, no entra. En este caso yo no estoy seguro de la razón legal por la que los fieles acudieron a Ratzinger. Pero según el Cardenal Ratzinger, el obispo que hizo la excomunión, no la pudo sostener, ya sea en la ley o en la realidad.
En su decreto de excomunión, él dijo: "Estoy excomulgando a estas personas (estoy parafraseando) porque están conviviendo con un cisma, y yo los declaro cismáticos".Ratzinger desestimó la excomunión y declaró que las personas no eran cismáticas. Esto presta un gran peso a sus argumentos.
Si, creo que si. Esta es la misma conclusión a la que yo llego con respecto a los laicos y los sacerdotes. Pienso que el Cardenal Ratzinger dice lo correcto, porque el hecho de asistir a una misa celebrada por un sacerdote ordenado por Lefebvre, o alguno de sus asociados, sólo ese hecho en sí, no indica un deseo obstinado de romper la comunión con el Papa o con aquellos que están unidos al Papa, que es la definición de cisma.
Usted no está alentando a la gente a asistir a esas Misas, está diciendo simplemente - y a propósito, el Cardenal Ratzinger implica también esto en una entrevista de prensa - que solamente asistir esas Misas no significa ser cismáticos. Ratzinger dice­ que él sabe que las personas que asisten a esas Mi sas están "en la convicción de que están en comunión con el Papa". Él apela a una actitud de generosidad para con esas personas, muchas de las cuales están angustiadas. Por lo tanto, por un lado, usted no está alentando a la gente a asistir a esas misas, pero por el otro, usted dice que eso no es necesariamente un acto cismático.
Por lo que sé, la Santa Sede nunca ha asentado que la sola asistencia a esas misas celebradas por un sacerdote de la Fraternidad constituya un acto cismático. Por lo tanto, uno podría preguntar: ¿Es esta una conclusión razonable que uno sacaría como intérprete privado de la ley y luego se la propondría a los fieles? Dadas las circunstancias que rodean a esta controversia, no pienso que sea así. ¿Cuales son las circunstancias? A lo largo de este conflicto, el Arzobispo Lefebvre y sus asociados sostuvieron que no hubo cisma. Tanto si estaban en la verdad como si estaban equivocados, ellos comunicaron este punto de vista a sus asociados y seguidores. Y trataron de sostener sus argumentos con ciertos razonamientos canónicos. Por lo tanto, pienso que algunos pueden actuar de buena fe, e ir a las Misas de la Fraternidad San Pío X y de buena fe no creen que haya ningún problema con respecto al cisma.
Otro factor que se debe tener en mente, es que el hecho de que algo no haya recibido castigo no quiere decir que esté bien. De la teología moral, puede sacarse la conclusión de que el Arzobispo Lefebvre desobedeció a su superior y como resultado sufrió un castigo. Él niega los castigos que se le aplicaron; eso es otro asunto. Pero lo que ciertamente es claro es que el Papa no quería que él hiciera. lo que hizo; por lo tanto, para tener una justificación para seguir en este movimiento, una persona tendría que tener razones muy serias que justificaran el seguir en un movimiento basado en una desobediencia al Papa.
En otras palabras, algo puede estar moralmente equivocado y no estar penado por la ley canónica porque no tenemos una pena para cada cosa mala que se hace. Pero ahora ¿cuál sería la cosa mala? Por ejemplo, ir a las Misas de la Fraternidad San Pío X porque uno considera a la Misa nueva inválida. Esto está mal, objetivamente mal. La fe católica requiere completa sumisión al Papa en materia de fe y moral. Requiere también fe en la indefectibilidad de la Iglesia ya que Dios nunca va a permitir que el Papá conduzca al rebaño a la herejía o al cisma en sus enseñanzas oficiales, y ciertamente la promulgación del Nuevo Ordo de la Misa fue un acto oficial del gobierno papal y de su magisterio.
Es más que una simple enseñanza. Es un acto central dentro de su carisma como jefe de la Iglesia.
Correcto. Es mandato pastoral central, del Papa y los obispos proveer a los fieles de los sacramentos válidos. El argumento de que la nueva misa es inválida, en mi opinión, es herético.
Pero digamos, por ejemplo, que alguien asiste a la Misa de la Fraternidad San Pío X porque está moralmente cierto de que la Misa que se celebra en su parroquia no es válida. Digamos que esa persona sabe que el pan que usa el celebrante es pan de fantasía o pan italiano que tiene algo más que trigo y agua, y piensa que no puede obtener un cambio o trató de obtenerlo y fue rechazado, esa persona tiene derecho a recibir los sacramentos válidos de un sacerdote válidamente ordenado. Así que en estos casos yo no censuraría a nadie, no pensaría que esa gente esté haciendo nada moralmente equivocado, si no hubiera otras Misas válidas a las cuales asistir. La cuestión es que debe asegurarse de que la asistencia a esas Misas no lo lleve a una actitud de separación de la Iglesia Católica.
Por lo general si se puede probar que hay una Misa inválida en algún lugar, la Jerarquía actúa para corregir lo que sucede. Pero sabemos que ha habido Misas inválidas. El mismo Cardenal Ratzinger, cuando recién tomó el cargo, tuvo que aleccionar a los. obispos y sacerdotes del mundo con respecto a la materia apropiada de la Eucaristía. Él los instruyó para que no se permitieran más celebraciones con pan inválido, y los instruyó para que se volvieran a celebrar Misas por todas las intenciones por las cuales se habían ofrecido Misas inválidas. Pienso que no pocas personas que lean esta revista, probablemente en algún momento han recibido la Comunión, y han tenido dudas de su validez; porque era pan extraño. Bueno, vamos a tomar otro caso. Digamos que una persona sabe que el Padre de la Parroquia, está enseñando cosas contrarias a la moral católica o a la doctrina, por ejemplo que niega la existencia del Infierno o enseña que parejas divorciadas pueden recibir la comunión cuando han formado otra pareja, y es sabido que esto es tolerado por el obispo. ¿Podría entonces esa persona ir a una capilla de la Fraternidad San Pío X, para recibir la sana doctrina? A mi me parece mejor estar en paz con su propia fe que recibir sermones heréticos.
Desde 1988, Ratzinger habló de la cuestión Lefebvre varias veces. Nunca dejó de exponer un entendimiento de lo que es la situación., aun expresando muchas veces su simpatía hacia las personas que asisten a las Misas de la Fraternidad San Pío X. ¿Por qué usted y yo no podemos expresar los mismos sentimientos? ¿Por qué debemos ser acusados de ser desleales Roma cada vez que expresamos nuestra comprensión para con los adherentes a la Fraternidad S. Pío X? ¿Usted va a ser acusado esencialmente de ser cismático por la publicación de este escrito. ¿Se da cuenta de eso?
¡Espero que no! Soy un estudioso del Derecho Canónico y he estudiado este tema de la excomunión de Monseñor Lefebvre para mi tesis de licenciatura. Hay todo un vasto campo de estudio que debe ser explorado del punto de vista técnico, aparte de las polémicas y puntos emocionales y las muchas veces audaces críticas al Papa. El Arzobispo Lefebvre ha hecho muchos y muy inflamados asertos no necesariamente demostrados con evidencias, pero realmente hacen ver que estamos en crisis en la Iglesia. Lefebvre tiene una cierta penetración de ello. Mucho de lo que él dice, lo dicen también varios Obispos y Cardenales.
Privadamente.
Si, privadamente, y a veces públicamente. Creo que el informe Ratzinger tiene mucho en común con el análisis de Lefebvre con respecto a lo que está pasando en la Iglesia. Pero debemos decir que en los asertos canónicos, la ley es mejor entendida de acuerdo con términos legales y debe ser estudiada sin emociones. Esto es lo que he tratado de hacer. Si la gente cree que estoy apoyando el cisma, están equivocados. En verdad, me gustaría ver una reconciliación con la Fraternidad San Pío X y sus seguidores. Pienso que sería muy útil examinar seriamente sus contextos para ver que ellos no están involucrados en un cisma.
Para mí, está claro que el Papa Juan Pablo considera a los seguidores de Lefebvre cismáticos, al menos en espíritu, a pesar de que los que están en la Curia no han articulado todavía (o por ahora) los aspectos canónicos.
Ellos dicen que lo que están haciendo fuera de la estructura oficial de la Iglesia, es por el bien de la Iglesia.
El Arzobispo Lefebvre, iba por todo el mundo y realizaba actos sacramentales sin el permiso de los obispos locales. Esto está mal. No debería haber hecho eso. Pero él lo justificaba diciendo que la Iglesia estaba en crisis. Sostenía que la fe sólo se predicada en la Fraternidad San Pío X; así la gente debía adherir a él. Yo sé que hay muchos que perdieron su fe porque abrazaron las herejías predicadas en sus parroquias y leyeron los llamados libros católicos y revistas católicas pero no creo que toda la Iglesia haya apostatado y que no se pueda conseguir la sana doctrina en otro lugar que no sea la Fraternidad S. Pío X. De modo que pienso que Lefebvre actuó como provocador y dirigente, magnificando su caso, por momentos, como una forma de dar validez a su posición.
¿Son ellos cismáticos en espíritu? Por lo que he leído, creo que algunos de ellos lo son, y creo que a medida que el tiempo pase, los miembros de la Fraternidad tendrán que examinar sin emoción la carta "Ecclesia Dei" cuyas providencias dieron con la fundación de la Fraternidad San Pedro.
Y ahora también otras órdenes.
Exactamente, otras órdenes. Y también el continuo crecimiento del movimiento de la Misa tradicional en los Estados Unidos y en otras partes. Ellos deberían decir, "Si la Iglesia está reacomodando a los católicos tradicionalistas, ¿no podría haber también un lugar para nosotros?' Si ellos rehusan ser reacomodados, creo que es porque no se quieren someter a la Santa Sede, cuando en realidad someterse les permitiría alcanzar los objetivos que dicen que tienen que alcanzar actuando contra la Santa Sede.
Usted sabe que la Fraternidad San Pedro no fue desmembrada ni ha sido obligada a celebrar la nueva Misa. Nunca se le obligó a enseñar el modernismo. Tampoco son verdaderos ninguno de los cargos que la Fraternidad San Pío X hizo en 1988. Creo que la Fraternidad San Pío X está ahora a la defensiva; y ya sabemos que cuanto más lejos se está del centro, más particular y excéntrico se puede uno volver. También la ignorancia es muchas veces un aliado del error y del cisma y una forma de mantener la ignorancia, es interpretar mal el verdadero estado de la Iglesia, y la verdadera naturaleza de las enseñanzas papales. Creo, por ejemplo, que el ataque de la Fraternidad San Pío X al nuevo Catecismo es lamentable.
Y también el total ataque al nuevo Derecho Canónico.
si.
Ellos no aceptan el nuevo Código.
Esto es ignorancia y no tiene. fundamento.
Y cismático, si no técnicamente hablando, por lo menos en espíritu.
Claro, exactamente.
El Derecho Canónico es el instrumento del Vicario de Cristo para gobernar la Iglesia.
Exactamente. Y es el desarrollo de la ley anterior. No hay nuevas leyes en él y nadie dice que es perfecto. Está sujeto a interpretación y revisión que es por otra parte la manera como todos los sistemas de leyes existen. Pero rechazarlo en su totalidad, hasta decir que el Código de 1917 es el único que van a obedecer, es ridículo. En su momento, el Código de 1917 fue una innovación.
No dicen directamente que no aceptan el nuevo Código, pero no lo aceptan de hecho. Deliberadamente dejan las cosas ambiguas, del mismo modo en que están en la Iglesia. Y yo sé que hay algo a lo que ellos se refieren informalmente, que es el "Tribunal" sobre el matrimonio.
Tengo alguna información sobre esto. Entiendo que ellos tienen un tribunal. El tema no es que ellos estén instalando un tribunal de nulidad, sino que están revisando la validez de los decretos dados por los tribunales de la Iglesia y aconsejan a la gente, según ellos consideren esos decretos válidos o no.
¿Advirtiendo en vez de legislar?
Supongo eso, porque no pueden invocar jurisdicción, solamente la jurisdicción de emergencia.
Lo mismo, si usted es una pareja católica, y es "advertido" por su Prior de que la anulación de su matrimonio en inválida, usted no puede recibir los sacramentos a menos que se atenga a la "advertencia". Prácticamente están diciendo qué hacer en nombre de la Iglesia.
Si, creo que la razón por la que ellos tienen estos tribunales, es probablemente porque están ganando seguidores que tienen decretos de nulidad y van a ellos en el deseo de casarse por la Iglesia; el sacerdote entonces tiene escrúpulos de conciencia sobre la validez o no de la anulación; este es un ejemplo en el que uno no puede definir personalmente la autoridad de la Iglesia y no se pueden restringir los derechos de los demás. Si usted tiene un decreto de nulidad de un tribunal eclesiástico, la Iglesia le da la libertad de contraer "nuevo" matrimonio por la Iglesia; nadie puede negarle esto.
Una pregunta más amplia. Tome el caso hipotético de una familia con niños, que le dice "Iremos a una capilla de Lefebvre”. ¿Pueden hacerlo?
Casi nunca podrían. Si tuvieran la oportunidad de ir a una Misa indultada, una Misa tridentina, tendrían que ir a donde esta se celebre, aun cuando esto les acarreara alguna dificultad. La razón es que usted debe tener una causa muy seria para asistir a una Misa que no ha sido aprobada por el obispo local o por el Romano Pontífice. Si no pudieran ir a una Misa indultada, y no pudieran tolerar ir a la Misa nueva, deben seriamente examinar las razones de esta conducta. Si fuera un peso muy grande asistir a la Misa nueva, de modo que pudieran perder la paz, deben sopesar eso comparado con el peligro de escuchar homilías con espíritu cismático, o quizás el de ser llevados junto con sus hijos fuera de la unidad de la Iglesia y de la unidad con el Romano Pontífice.
Sería más claro si el Romano Pontífice hiciera un decreto diciendo "De aquí a treinta días, cualquiera que asista a los cultos de las capillas de Lefebvre será automáticamente excomulgado como cismático". Creo que una especie de decisión así, obligaría a la gente a tomar una decisión en un sentido o en otro.
Pero el hecho de que el Papa no haga eso, indica que él está contento con la situación ambigua que plantea la interpretación del Derecho Canónico sobre cisma. Si estuviera muy triste al respecto haría lo que usted dice ¿no le parece?
Creo que la actual ausencia de rigor en la parte judicial (me refiero a aquellas advertencias imprecisas sin aclaraciones ulteriores) se hizo con la esperanza de que con menores penalidades será más fácil lograr la unión una manera amistosa. Podríamos discutir la sabiduría o no de esta medida, pero creo que esa es la intención. El mismo Papa, creo, estaba triste por haber tenido que tratar esto. Pero por lo que veo hasta ahora, si no hay nueva negociaciones, este movimiento está más bien a punto de torcerse alejándose de la Iglesia. Debe, hacerlo para justificar su existencia.
Será muy pronto cismático, si es que no lo es ya.
Si, y anteriormente hice la distinción; puede ser en realidad un movimiento cismático, sin las penalidades canónicas de tal, simplemente porque el nuevo Código es bondadoso cuando se trata de imponer penalidades, y el Código requiere que se mire al estado subjetivo del juicio de Lefebvre en el momento en que hizo las consagraciones.
¿Es esto lo que aconseja el nuevo Código Canónico?
Exacto.
Si el Derecho Canónico lo aconseja, es el Papa que lo aconseja. Este es el dilema ahora.
Seguro. El Papa opera dentro de los límites del Derecho Canónico, como lo hace cualquier otra persona, con la diferencia de que él es el que da la ley y lo puede cambiar. Pero si él no cambia la ley, y si no provee lo que podríamos llamar un precepto particular, que es una aplicación particular de la ley, yendo más allá de la ley, entonces él está sujeto a la ley. Él puede cambiar esto, como dije, pero no lo hizo en este caso. Y la ley específicamente dice que si alguien obra creyendo tener una razón grave, una gran necesidad, para realizar este acto ilegal, entonces esa persona no está sujeta a penalidades de latæ sententiæ.
Yo diría que el Papa mismo no es un especialista en derecho canónico, él fue aconsejado. Hubo un comunicado en “L'Observatore Romano" diciendo que el estado de necesidad a que se refieren los Cánones 1323 y 1324 era inaplicable en este caso. Creo que sus consejeros le dijeron al Papa que Lefebvre no tenía derecho a apelar a los cánones 1323 y 1324 y el Papa no lo consideró en su aserto. Creo que esos consejeros estaban equivocados y el caso Lefebvre era un ejemplo de lo que, mientras en el antiguo Derecho Canónico estaba bien aclarado, en el nuevo Derecho Canónico está más suavemente expresado. En el antiguo, si alguien hacía un acto ilegal, era considerado culpable hasta tanto pudiera demostrar lo contrario. El nuevo Código dice que si alguien hace un acto ilegal, pensando subjetivamente que es necesario hacerlo, no está sujeto a una pena, automática. Ahora bien, el Papa podría imponer una pena por su propia autoridad, y presentarla como tal, pero es aquí donde tenemos el dilema. Lefebvre dijo que él estaba compelido a actuar por el bien de la Iglesia. Podríamos decir que actuó por su propio bien, por su bien personal, pero esto sería objeto de debate. Y aquí es donde se podría decir: "Santo Padre, yo pienso que este Canon 1324 se puede aplicar a este caso", y quizás Lefebvre no hubiera sido excomulgado y ciertamente pienso que los laicos no lo estuvieron ni lo están.
Como usted ve, en este caso fue cuestión del Cardenal Gantin, declarar públicamente, que los dos cánones, involucrando cisma y consagración ilegal de obispos sin mandato, habían sido culpablemente violados. La declaración dice en efecto: "Es Cuestión de público conocimiento que estas personas no sólo violaron la ley sino que lo hicieron de una manera en que incurrieron en la penalidad que corresponde". Ahora bien, él no está creando las penalidades con sólo enunciarlas. Él explica que las penalidades existían ya. Aquí es donde usted puede disentir y decir: "Con todo respeto yo creo que la aplicación que usted hace de la ley no es correcta".
"Bajo el viejo Código, el que hacia un acto ilegal era considerado culpable hasta que probara lo contrario. El nuevo Código dice que si alguien lleva a­cabo un acto ilegal, si lo hace pensando subjetivamente que era necesario hacerlo, entonces esa persona no está sujeta a una penalidad automática” .
Aún más allá de eso Lefebvre puede decir: "Ya sea que el Cardenal esté de acuerdo conmigo o no, yo invoco el Canon 1324 porque el juicio subjetivo de una circunstancia es dejado a la persona misma. Si la persona que viola la ley, honestamente dice: "en mi mente no pensé estar haciendo nada malo, por que tal necesidad requirió que yo actuara contra la ley" eso es todo lo que tiene que decir para ponerse bajo el Canon 1324 y evitar así la pena “latæ sententiæ".
Ahora bien, el Papa podría de decir, como usted apuntó: "olvide estos cánones, por mi propia autoridad, ahora digo que estas personas están excomulgadas a menos que mañana se sometan a mi juicio". Pero el Papa no lo hizo de esta manera. Él obró a través del consejo de sus asesores y el Código corriente. Creo que esta es una falencia del nuevo Código. Tan pronto como se permite a una persona que use conclusiones subjetivas sobre la necesidad o no de violar la ley para evitar penas, inmediatamente se tiene inseguridad jurídica, falta seguridad en general. Naturalmente, la mayoría de la gente que viola una ley, piensa que lo debe hacer, a menos que estén completamente depravados y hagan eso para molestar a la autoridad. No creo que ese haya sido el caso de Lefebvre.
No, aunque se siente un cierto sabor amargo. 1
Bueno si, hubo algo amargo; y yo creo que Lefebvre pensó que con agresión podía obtener más. Al principio él aceptó el protocolo, después se volvió atrás, y después amenazó. Quería más de un obispo. Obviamente quería tres; y ordenó cuatro. No quería solamente uno. No sólo quería tres sino que quería tres tomados entre los suyos y tuvo miedo de tener uno solo que a pesar de que fuera alguien ordenado por él, no fuera de su propia elección.
¿Pero usted simpatiza más con la posición de Lefebvre de lo que usted acostumbraba a simpatizar?
Sí, tengo cierta simpatía, en este sentido: pienso que el haber suprimido la antigua Misa, fue un error. Estoy contento de que el Papa la haya restituido como un hecho completamente legal y público de la vida de la Iglesia.
No necesariamente estoy de acuerdo con todos los razonamientos del Arzobispo Lefebvre concernientes al presente estado de la Iglesia, pero pienso que él vio una gran cantidad de los problemas que nos afligen en este momento. El Cardenal Ratzinger y otros han dicho cosas similares. Pienso que si desde 1970 las objeciones de Lefebvre se hubieran manejado de otra manera, hubiera resultado un desarrollo más armónico para esa parte de la Iglesia que se resintió por. la supresión de la vieja Misa y lamentó una cantidad de sucesos y orientaciones. En ese sentido simpatizo de alguna forma con Lefebvre.
No simpatizo con él en que ciertamente de haber sido obispo, yo no hubiera desobedecido al Papa, siguiendo adelante y ordenando obispos en directa oposición a la orden del Papa, especialmente cuando se le habían ofrecido generosas concesiones, incluida la de darle un obispo de entre sus propios sacerdotes. Yo quisiera saber como explicó esto en su propia conciencia. Pero volvemos a lo que dijimos antes, que el reino de la conciencia entra en el diálogo del hombre con Dios y ahora Lefebvre está frente a Dios en juicio. Pero ciertamente, como acto público, violentando la ley de la Iglesia, engendra una falta de respeto para el hacedor de la ley, aun argumentando que la misma ley le permite actuar con impunidad.
Y pienso que en el movimiento Lefebvrista se ven elementos de Jansenismo; se ven rupturas; en los Estados Unidos, he oído hablar de una Fraternidad de San Pío V y otras cosas; el hombre que trató de apuñalar al Papa en Portugal fue ordenado por Lefebvre. Debemos decidir si los medios que usó para obtener lo que obtuvo fueron objetivamente correctos o no; y yo no pienso que lo fueran.
DOCUMENTACION Cisma, Excomunión, y la Sociedad de S. Pío X por Steven Terenzio
Steven Terenzio, está completando su master de graduación en estudios religiosos en el Seminario San José, de la Arquidiócesis de Nueva York.
¿Cual es el estado canónico de la Fraternidad San Pío X? ¿Están excomulgados como cismáticos? Las penalidades canónicas impuestas al difunto Arzobispo Marcel Lefebvre y a aquellos que tomaron parte en la consagración ilícita de cuatro obispos en el año 1988, les corresponden también a los que frecuentan las capillas de la Fraternidad S. Pío X?
Un sacerdote de NY, Gerard Murray, en la presentación de su licenciatura sobre el derecho canónico en la Universidad Gregoriana de Roma, recientemente hizo un cuidadoso estudio de esta cuestión.
La conclusión M P. Murray es que los fieles que asisten a la Fraternidad S. Pío X, no están excomulgados como cismáticos. El P. Murray basa su conclusión en una cuidadosa lectura del actual Derecho Canónico que arroja dudas sobre si el Arzobispo Lefebvre fue vulnerable de recibir la excomunión latæ sententiæ que la ley provee para aquellos culpables de cisma.
Las circunstancias que rodean el affaire Lefebvre, están un poco en disputa. En 1975 el Papa Pablo VI confirmó una decisión de una Comisión de Cardenales que aprobaron la supresión de la comunidad de Lefebvre en Ecóne. A pesar de esta decisión Lefebvre no desarmó su comunidad ni cerró su Seminario. Al año siguiente, Pablo VI suspendió al Arzobispo Lefebvre por desafiar a la Santa Sede ordenando para el sacerdocio a trece jóvenes.
Con la ascensión de Juan Pablo II al papado se iniciaron movimientos hacia la reconciliación. Este movimiento pareció culminar el 5 de mayo de 1988, cuando el Cardenal Ratzinger y el Arzobispo Lefebvre sellaron un protocolo para regularizar la Fraternidad San Pío X y permitir a Lefebvre consagrar un obispo. Pero exactamente al día siguiente, Lefebvre cambió de opinión. Escribió una carta a Ratzinger insistiendo en que con o sin mandato papal, consagraría tres obispos el 30 de junio. Con esto repudió el protocolo del 5 de mayo.
Se le hicieron varios llamados de atención, incluyendo dos cartas personales del propio Papa, pero sin ningún resultado. Cuatro obispos fueron consagrados el 30 de junio, y al día siguiente, el Cardenal Gantin, prefecto de la congregación para los obispos, dictó un decreto declarando la excomunión del Arzobispo Lefebvre y de aquellos que participaron en las consagraciones ilegales.
Lo que antecede no deja lugar a dudas. Pero ahora vamos a tomar en cuenta consideraciones técnicamente canónicas, según las cuales, según el P. Murray, ponen de relieve lo inapropiado de la excomunión. El argumento de Murray puede ser resumido como sigue: 1) El decreto de excomunión presentado por el Cardenal Gantin declara que Lefebvre ha incurrido "ipso facto en excomunión latæ sententiæ". Así pues, la pena no fue formalmente impuesta por una declaración de la autoridad eclesiástica sino que fue hecha citando la ley propiamente dicha. 2) El nuevo Código de Derecho Canónico (CIC) adolece de claras y precisas indicaciones de aquello que constituye en todas las circunstancias un acto cismático. 3) El CIC admite varias excepciones con respecto a sanciones penales en relación con la excomunión latæ sententiæ. 4) En el caso de Lefebvre, de acuerdo con Murray, la imprecisión del Derecho Canónico pone en duda si el acto cismático ocurrió y las excepciones canónicas por incurrir en esta pena de excomunión pueden ser razonablemente aplicadas en este caso. 5) Si las penalidades canónicas son dudosas con respecto al mismo Lefebvre, entonces serían por lo menos dudosas con respecto al laicado que lo sigue.
Para hacer justicia al razonamiento cuidadoso del P. Murray, debemos repetir en alguna extensión parte de su trabajo

LA EXCOMUNIÓN

Dos semanas antes de la excomunión, el Cardenal Gantin envió al Arzobispo Lefebvre la siguiente advertencia canónica: “ Como el 15 de este mes de junio usted se declaró deseoso de ordenar para el episcopado a cuatro presbíteros, sin haber obtenido el permiso del soberano Pontífice que el Canon 1013 del Derecho Canónico establece, yo personalmente. le comunico esta advertencia pública y canónica, confirmándole que si lleva adelante este hecho usted y los obispos ordenados por usted incurrirán ipso facto en excomunión, latæ sentenciæ reservada a la Sede Apostólica, de acuerdo al Canon 1382. Por lo tanto le imploro y le suplico en el nombre de Cristo Jesús que considere cuidadosamente esto que usted está por realizar contra las leyes de la sagrada disciplina y todos los graves efectos que se desprenden de esto para la Iglesia Católica de la cual usted es obispo ”.
El P. Murray da unos puntos salientes a esta advertencia:
Es interesante notar que la advertencia no cita el Canon 1364 §1 respecto de la excomuniónlatæ sententiæ en la que incurre un cismático. La advertencia habla de "los muy graves efectos que se desprenden de esto contra la comunión de la Iglesia Católica". Sin embargo la advertencia no avisa explícitamente a Lefebvre y a los cuatro obispos elegidos por él que su acción va a constituir un acto cismático.
Es interesante notar que no es necesaria una advertencia canónica para que una censura latæ sententiæ tenga efecto válido.
Ahora vamos a examinar el texto del decreto de excomunión del Cardenal Gantin del 1 de julio del 1988:
Muy Reverendo Marcel Lefebvre Arzobispo y Obispo emérito de Tulle, desechando las advertencias canónicas del 17 de junio y los repetidos llamados para que desistiera de su intención, ha llevado adelante una acción que en su misma naturaleza es cismática: ha consagrado cuatro presbíteros como obispos, sin mandato pontifical y en contra de los deseos del Sumo Pontífice y por lo tanto ha incurrido en la penalidad prevista por el canon 1364 §1 y del canon 1382 de la ley del Código Canónico.
Habiendo considerado todos los efectos jurídicos, declaro que el arriba nombrado Marcel Lefebvre, Bernardo Felay, Bernardo Tissier de Mallerais, Richard Willamson y Alfonso de Galarreta han incurrido ipso facto en excomunión latæ sententiæ reservada a la Santa Sede.
Además, declaro que el muy Reverendo Antonio de Castro Mayes, Obispo emérito de Campos, que por haber sido directo participante de la ceremonia litúrgica y haber sido. al mismo tiempo consagrante, públicamente adhirió a la acción cismática, de haber incurrido en la excomuniónlatæ sententiæ prevista en el Canon 1364 §1.
Los sacerdotes y los fieles cristianos están advertidos de que no deben asentir a la acción cismática del Arzobispo Lefebvre porque incurrirían en la misma pena.
Al día siguiente mismo, el Papa Juan Pablo II publicó la carta apostólica “Ecclesia Dei", donde describe la acción de Lefebvre:
En sí mismo tal acto fue desobediencia hacia el Romano Pontífice en una materia ciertamente muy grave y especialmente de gran gravedad para la unidad de la Iglesia. De tal índole es la ordenación de obispos a través de la cual la sucesión apostólica es sacramentalmente preservada. En cuyo caso esta desobediencia, - que conlleva un verdadero repudio al papado romano - constituye un acto cismático.
Más adelante en la carta, el Santo Padre, tal como el Cardenal Gantin publicó en el decreto de excomunión, declaró esta advertencia para aquellos que hasta ese momento estuvieran asociados con Lefebvre:
En este tema, antes que nada deseo ofrecer un sentimiento profundo y solemne paternal y fraternal para todos aquellos que de alguna manera y hasta ahora con verdadero celo han estado junto al arzobispo Lefebvre para que seriamente cumplan con su deber de adherir al Vicario de Cristo en la unidad de la Iglesia. No deben ellos estar deseosos por ningún motivo sostener este modo de actuar impropio. Cada uno debe saber que la formal adhesión al cisma es un grave error contra Dios y conlleva por esa razón excomunión tal como establece la ley de la Iglesia .
Sobre la carta del Papa y el. decreto del Cardenal Gantin, el P. Murray comenta específicamente refiriéndose a la advertencia a los fieles:
Es de importancia para nuestro tópico, la advertencia del Papa a todos los fieles de no dar "adhesión formal al cisma". Este lenguaje es más preciso canónicamente que la advertencia dada por el "Decreto" del Cardenal Gantin "En el sentido de que los fieles no deben asentir a la acción cismática del Obispo Lefebvre. Adhiriendo (adhaesio) claramente se refiere a un acto externo por el cual uno entra en una especie de. relación especial con un cisma. Asintiendo (asentio) por otro lado se refiere primariamente al acto interno de estar de acuerdo o asentir con el cisma. Pero solamente violaciones externas a la ley o preceptos, no actos internos están sujetos a penas canónicas. El Canon 1321, 1 estipula, "Nadie puede ser castigado por la comisión de un acto externo de violación a una ley o precepto, a menos que sea gravemente imputable por razón de malicia o culpabilidad". De gran interés para nuestro tópico no son tanto las dos advertencias si no más bien lo que ellas no dicen. Ninguno de los dos avisos da en forma precisa o aún general indicaciones sobre qué actos deben ser considerados como constituyendo adhaesio assentioal cisma. Veremos entonces como esta falta de especificación por parte de la Santa Sede lleva a dudas razonables de si los fieles que están asociados con la Fraternidad San ' Pío X cometen o no un acto cismático, frecuentando las capillas o cooperando en sus actividades, por ejemplo.
Antes de considerar el tratamiento de cisma en el Código Canónico el P. Murray indica que el Arzobispo Lefebvre y sus asociados han negado la validez de la declaración de cisma y excomunión dada por la Santa Sede y lo han hecho apelando al Código mismo. Y estos ­reclamos tienen un sostén legal en el estatus de aquello considerado merecedor de la censura latæ sententiæ como cismática. Entonces el P. Murray establece:
Es razonable suponer que un laico no preparado en el derecho Canónico va a llegar a la conclusión con todos estos argumentos que al menos no es admitido por todo el mundo que haya un cisma o una excomunión. El alcance de estos pensamientos con los argumentos arriba mencionados marca una medida contra el cuidado ordinario que un laico católico debe tener en informarse sobre las leyes de la Iglesia y su aplicación y determinará en gran medida su buena fe en no considerar a la Sociedad San pío X corno un movimiento cismático ”.

EL CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO Y EL CISMA

En lo que se refiere al cisma, el Canon 751, según Santo Tomás de Aquino, lo define de la siguiente manera: "Cisma es apartarse de la sumisión al Soberano Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia sujeta a él". El Padre Murray cita luego un comentario aprobado del correspondiente Canon del. Código de 1917 (1325, §2):
Ya que la Iglesia Romana es la primera en importancia, es necesario que toda la Iglesia esté de acuerdo, cualquiera que se separe de Ella o del Romano Pontífice es por ese hecho cismático.
De todas formas, una simple desobediencia a un precepto del Romano Pontífice no es suficiente para incurrir en cisma, se requiere rehusar someterse al Romano Pontífice; por cierto que la desobediencia a la ley pontificia puede tener su origen en la concupiscencia, la volubilidad o en otros motivos y al mismo tiempo someterse a la sujeción del Romano Pontífice...
Para caer en cisma, se requiere que la obediencia al Romano Pontífice le sea negada como cabeza de la Iglesia Universal.
Más adelante, el Padre Murray se remite al mismo comentarista en un punto que parecería tener especial relevancia en el caso Lefebvre:
Asimismo son cismáticos los que solamente en forma parcial o en alguna materia en particular no quieren sujetarse al Romano Pontífice y de la misma forma, son rebeldes quienes en una materia espiritual particular rechazan la dirección y autoridad del Romano Pontífice...
Aquel que asimismo reconozca la autoridad y primacía del Romano Pontífice, pero externamente rehuse someterse a él, o a estar en comunión con aquellos sujetos al Romano Pontífice, es un verdadero cismático y ciertamente un cismático neto.
. Para que la desobediencia al Romano Pontífice se sume al delito de cisma se requiere que no sea simplemente una desobediencia a un precepto cualquiera, por cualquier motivo, por ejemplo, la dificultad de cumplir un precepto, pero que dicha desobediencia sea equivalente a una negación de la autoridad del Romano Pontífice mismo. Y porque el Romano Pontífice reclama para sí el hecho de que sus subordinados o cristianos no les es permitido proponer cosas contra él ni siquiera por excepciones por su competencia con el pretexto de que ha pasado los límites de esa competencia la trasgresión del precepto que se objeta es verdaderamente en sí mismo cismático.
Con respecto a desobediencia y cisma, el P. Murray cita a otro comentarista:
Hay que distinguir con cuidado el cisma de la desobediencia pura y simple. Cisma supone una sistemática y habitual negativa a la dependencia. Por el contrario, la desobediencia puede ser solamente un acto pasajero, sin que su autor cuestione de ninguna forma la autoridad de la ley del legislador ni quiera apartarse de la misma de forma habitual.
Y de Yves Congar, El P. Murray cita lo siguiente:
El cisma podría ser reconocido como tal, si la negativa para obedecer ataca en la orden recibida o la decisión promulgada a la autoridad misma (que sin embargo es reconocida como real y competente), que ha dado la orden o ha tomado la decisión cuando alguien rechaza un precepto o un juicio del Papa dado en la función de su oficio no reconociéndolo como un superior aún creyéndolo .
La Enciclopedia Católica nos da una forma de tratar la cuestión de una posible justificación para el cisma:
Para justificar el cisma, se han alegado varios motivos: Algunos reclamaron por la introducción de abusos en la Iglesia, novedades litúrgicas y dogmáticas, supersticiones, que se les permite aún no estando obligados a ajustarse a ellas. Sin entrar en las bases de estos cargos, debemos notar que los autores citados no mencionan o admiten una sola excepción. Si aceptamos sus asertos, la separación de la Iglesia es necesariamente un daño, un acto injurioso y que lastima, un abandono del verdadero camino de la salvación, y esto, independientemente de todas las circunstancias contingentes. Más aún, la doctrina de los Santos Padres excluye a priori estos intentos de justificación; para decir en otras palabras está prohibido a los individuos o iglesias particulares constituirse en jueces de la Iglesia universal; La sola verdad de tener esto en contra de uno, acarrea la propia condenación.
Otro comentarista reciente trata el tópico directamente comentando el Canon 751:
Eso no expresamente incluye obstinación en la definición de cisma: la obstinación sin embargo está incluida en la verdadera naturaleza del delito, que debe ser deliberado y voluntario y apuntar directamente al rompimiento. No debe confundirse cisma con desobediencia. Lo último es una simple trasgresión, por ejemplo de leyes del Pontífice, mientras que el primero es un acto deliberado y voluntario de rechazar - la comunión con él, por lo tanto una rebelión.
UN PUNTO CLAVE
El lector puede llegar a la conclusión de que estos distintos comentaristas citados por el P. Murray no están completamente de acuerdo unos con otros, lo cual es el verdadero punto ­central de la tesis de Murray:
Una cuestión muy importante, sin embargo, es el asunto de como poder verificar que alguien de hecho ha cometido un acto cismático, estableciendo de este modo las condiciones materiales para incurrir en una penalidad latæ sententiæ . Como lo ha demostrado el examen que hemos hecho de varios comentaristas, en la ciencia canónica y en el CIC hay falta de precisión, no hay indicaciones claras de lo que constituye exactamente un acto cismático en todas circunstancias y para cualquiera. No tenemos suficientes indicaciones específicas tales que el común de la gente pueda estar fácilmente capacitado para distinguir entre un acto cismático y otro que no lo es. Los comentaristas dan variantes , generalmente concurrentes definiciones de cisma. Parecería que en el Código de 1983 solamente los actos “directamente" cismáticos son objeto indudable de penalidades canónicas.
Los casos de Hans Küng y del Arzobispo Lefebvre (pre-1988) son citados por el P. Murray como ejemplos concretos que ilustran el punto precedente:
La misma Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, el órgano de más elevada competencia examinó durante una década la doctrina de cierto profesor sospechado de herejía. Y después de un examen suficientemente prolongado (aunque muchos aseveran que este caso envuelve real herejía), la Sagrada Congregación dos años más tarde llegó a la siguiente conclusión: "Esta Sagrada Congregación por su función declara que al presente considera que el Profesor Hans Küng en sus escritos abandona la pureza de la Fe Católica, y por lo tanto no puede ser considerado como teólogo católico y debería ser destituido de la función de enseñar" (L'Osservatore Romano, 18-12-1979, p. l.). Pero el Presidente de la Conferencia de Obispos de Alemania declaró: " No por esto está el Profesor Küng excluido de la Iglesia , y sigue siendo sacerdote" (ibídem, p. 3) ... Cf lo mismo el caso Lefebvre en el cual muchos encuentran todos los elementos para un cisma, pero la autoridad competente nunca usó esa palabra, sino que solamente habló de "desobediencia" y después de las ¡legítimas ordenaciones, únicamente lo castigó con una suspensión.
DERECHO CANÓNICO Y EXCOMUNIÓN ,
El P. Murray señala que las sanciones canónicas solamente pueden ser aplicadas por una violación externa de la ley o precepto. "Nadie puede sufrir una pena por pensamientos" se lee en el Decreto de Gracia (D. 1 de Poen,. 14). Y así "sino, otro antiguo adagio canónico dice: "En lo que concierne a cosas internas la Iglesia no juzga".
De este modo, para ser sujeto de una sanción penal, una violación debe ser “gravemente imputable por dolo de malicia y culpabilidad” (Canon 132 1, SI).
Respecto a culpabilidad o imputabilidad moral, Murray escribe:
Para incurrir en una sanción penal siempre se requiere imputabilidad moral grave. Factores que puedan mitigar o eliminar la culpabilidad grave pueden en consecuencia tanto mitigar como eliminar la sanción penal que conlleva la violación de varias leyes o preceptos".
Es justamente a estos factores de acuerdo con el P. Murray a los que se les da amplia aplicación en el nuevo CIC en contraste con el viejo Código. Con respecto a la presunción de imputabilidad. El Canon 1321, 3 establece "que donde ha habido una violación externa se presume la imputabilidad a menos que especifique que no es así”. Esto es un "cambio significativo" del Código Pío­Benedictino [Canon 2200, 2 "donde ha habido una violación externa de la ley, se presume la malicia en el fuero externo, a menos se pruebe lo contrario”).
El P. Murray cita varios comentarios a este respecto:
Sin embargo, la presunción del Canon 1321, 3 no se aplica "a menos que haya prueba de lo contrario" como es habitualmente el caso de una hipótesis de presunción creada por la ley. Se aplica "hasta el momento en que aparece lo contrario". Por consiguiente sería suficiente tener serias indicaciones en favor de la ausencia de imputabilidad, certeza absoluta no. sería necesariamente requerida. Esta disposición del Canon 1321, 3 es manifiestamente más benévola para el autor del acto que el correspondiente Canon 2200, 2 del antiguo Código. La presunción se sostiene hasta que aparece lo contrario, no hasta que lo contrario sea probado. Sería suficiente tener elementos que dejaran de lado la certeza de la presunción sin embargo sin tener la certeza contraria.
Al juzgar la verdad de una acusación de delito, el juez canónigo puede estar satisfecho con nada menos que certeza moral. En esto es asistido por la regla de presunción del Canon 1321, 3. Pero es una presunción que sede cuando no aparece en otra "norma diferente"... El acusado no tiene que probar que él o ella es inocente. Es suficiente si la evidencia, no importa el origen plantea una duda sobre la verdad de la presunción de imputabilidad. En el enfrentamiento de tal duda, la presunción sede y el cuestionamiento por la verdad debe continuar.
A renglón seguido, el P. Murray muestra que el Canon 1321, 2 distingue entre los que violan la ley con dolo y aquellos que violan la ley y el precepto culpablemente.
Una persona que deliberadamente viola una ley o precepto está sujeta a la pena prescrita en tal ley o precepto. Si, sin embargo la violación fue debida a la omisión de la debida diligencia, la persona no es castigada a menos que la ley o precepto provea lo contrario (Canon 1321, 2)
De esto, el P. Murray saca las siguientes conclusiones:
Es interesante notar que la latæ sententiæ de excomunión explicitada en el canon 1364, §I y el Canon 1382, no provee específicamente para el caso de aquel que podría violar estos cánones debido a la omisión de debida diligencia (culpa) Si aceptamos que " culpa también significa un falso juicio que mitigando las circunstancias se verifica con la ofensa alegada", entonces, el falso juicio hecho por el Arzobispo Lefebvre de que en el momento de las consagraciones episcopales existían las circunstancias - tal la necesidad - puede ser la base para pensar que el Arzobispo Lefebvre no actuó con malicia canónica (dólus) sino más bien con culpabilidad canónica (culpa). Por lo tanto, de acuerdo al párrafo 2 de este canon, puede haber estado exento de la pena de excomunión . 
¿Estuvo Lefebvre exento de Acción Pena?
Los partidarios del Arzobispo Lefebvre sostienen que él actuó por estado de necesidad. Esta necesidad, dicen, lo exime de las sanciones penales resultantes de las consagraciones ilícitas. Los cánones 1323 y 1324 tratan de las causas legales que eximen o mitigan las sanciones penales, El Canon 1323, 4` afirma:
“No queda sujeto a ninguna pena quien, cuando inflingió una ley o precepto: actuó coaccionado por miedo grave,, aunque lo fuera sólo relativamente o por necesidad o para evitar un grave perjuicio, a no ser que el acto fuera intrínsecamente malo o redundase en daño de las almas”.
Sobre esto, el P. Murray observa:
La consagración no autorizada de un obispo no puede ser descripta corno un acto intrínsecamente perverso ni tampoco como algo que pueda causar daño a las almas, aparte de la consideración de las circunstancias particulares que definen más específicamente la naturaleza del acto. En nuestro caso, la violación del expreso deseo del Santo Padre de que las consagraciones no se llevaran a cabo, da a este acto de consagración un particular carácter objetivo (prescindiendo aquí de consideraciones subjetivas de parte del Arzobispo Lefebvre, las cuales también condicionan legalmente la naturaleza del acto en cuestión, como ya veremos), v. g. de una desobediencia de naturaleza cismática como establecida por la Suprema Autoridad de la Iglesia. Un acto verdaderamente cismático siempre tiene el carácter de un acto que daña a las almas.
Por lo tanto, el Arzobispo Lefebvre no puede simplemente reclamar prima facie que el 4' lo exime de la penalidad. Una cuestión anterior debe ser considerada: ¿Puede él alegar legalmente que en aquel momento existía un estado de necesidad? ¿La ley le da esa facultad?
¿Y qué significa exactamente “necesidad”. El P. Murray cita a un comentarista:
En lo que respecta a necesidad, esta resulta de una situación de inevitable conflicto entre un derecho subjetivo y una norma canónica. Necesidad puede entenderse como la necesidad de actuar contra lo que está prescrito para evitar el riesgo de una consecuencia perversa a causa de haber' cumplido las exigencias de lo mandado... Se puede pensar razonablemente que no es suficiente enfrentarse con una necesidad conocida como común u ordinaria, es decir, con el objeto de evitar la pérdida de un bien que no es indispensable para la existencia y que puede obtenerse sin grandes dificultades.
Sobre esto, el P. Murray comenta:
"dada la provisión del protocolo para la consagración de un obispo por la Fraternidad S. Pío X, puede argüirse que obteniendo al menos un obispo no envolvía gran dificultad."
"Además, continúa Murray:
“ El invocar el estado de necesidad, siempre es debatible. Depende de la necesidad específica que se invoca, y si tal necesidad puede ser descripta como una necesidad para el bien de la Iglesia , o una necesidad para el bien privado de una persona o grupo de sacerdotes y laicos que dependen espiritualmente del Arzobispo Lefebvre”.
Si el argumento cuidadosamente elaborado del Padre Murray es correcto, entonces el mismo es más un enjuiciamiento del nuevo Código Canónico que un informe formal de la Fraternidad S. Pío X.