martes, 22 de abril de 2014

el no de SER Cardenal Burke, todos los fieles catolicos debemos decir no y basta a estas falsas doctrinas, que nos alejan de la verdad.




Cardenal Burke: «Hay Muchas Dificultades con el Texto 

del Cardenal Kasper»


“No fue Bien Recibido por Todos los Cardenales”


22/03/14 (InfoCatólica).- En una entrevista concedida a Raymond Arroyo para EWTN, el Cardenal Prefecto de la Signatura Apostólica, S. E. R. Raymond Leo Burke, ha afirmado, en relación a la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan comulgar, que el texto que el Cardenal Kasper leyó en el último consistorio cardenalicio se está «convirtiendo en un banderín de enganche para personas que creen erróneamente que la práctica de la Iglesia en este sentido podría cambiar». El texto no fue «bien recibido por todos los Cardenales», asegura.

Les ofrecemos a continuación dos preguntas de la entrevista de Raymond Arroyo al Cardenal Burke

-A lo largo de las últimas semanas, hemos oído mucho sobre la posibilidad de que la Iglesia cambie la forma en la que trata con los católicos divorciados y vueltos a casar y su admisión a los sacramentos. Hemos oído hablar mucho. El Cardenal Walter Kasper, en su discurso de apertura de la reunión preparatoria del Sínodo de la Familia, dijo con claridad: «Quizá convenga una práctica canónica penitencial, un camino entre el rigorismo y la indulgencia», hablando de esos católicos divorciados y vueltos a casar. ¿Es esto posible?

Cardenal Burke: En mi opinión como canonista, creo que no es posible. Creo que está dando lugar a una gran desilusión potencial, al dar a la gente la idea de que, de algún modo, no podemos defender la verdad sobre el matrimonio. Aquí no estamos hablando de una verdad que se haya ido desarrollando con el tiempo, estamos hablando de la propias palabras del mismo Cristo en el Evangelio, en el que enseñó, y eso nadie lo discute, enseñó la indisolubilidad del matrimonio.

Hay muchas dificultades con el texto del Cardenal Kasper, lo he dicho y lo digo abiertamente, y confío en que, durante los próximos días, a medida que ese texto se va usando más y se está convirtiendo en un banderín de enganche para personas que creen erróneamente que la práctica de la Iglesia en este sentido podría cambiar. Confío en que el error de este texto vaya quedando cada vez más claro.


-¿Hubo desacuerdo en esa reunión?

Cardenal Burke: Está claro que lo hubo. Supuestamente, la reunión era confidencial, pero el propio Cardenal o alguien, no sé quién, autorizó la publicación del texto, que se ha hecho público, y por lo tanto,uno está obligado a decir que el hecho de que entregara el texto al Colegio Cardenalicio no significa de ningún modo que fuera bien recibido por todos los Cardenales.




No A Una Misericordia Injusta. Respuesta al Cardenal Kaspe

No A Una Misericordia Injusta. Respuesta al Cardenal Kasper - P. Juan Pérez-Soba

No A Una Misericordia Injusta
Respuesta al Cardenal Kasper
P. Juan Pérez-Soba


El P. Juan Pérez-Soba es Sacerdote y Doctor en Teología en matrimonio y familia por el Pontificio Instituto Juan Pablo II. En este artículo destaca claramente que la defensa del vínculo hasta la indisolubilidad es el modo como Dios ofrece su misericordia sobre el matrimonio y que, para un cristiano que quiere vivir de su fe, mantener una nueva unión contraria al «vínculo sacro» del matrimonio es un atentado de grave injusticia contra el vínculo divino que permanece, por lo que no cabe allí aplicar una pretendida misericordia, que sería injusta y por eso mismo falsa. 


En alguna ocasión negar la misericordia es el único modo de defenderla de su adulteración. El Cardenal Kasper lo afirma con claridad en su libro “Misericordia”: «Una posterior falta de comprensión grave de la misericordia es la que induce a desatender en nombre de la misericordia, el mandamiento divino de la justicia (...) No podemos aconsejar, por una falsa misericordia, que alguien aborte» (p. 221). Una misericordia injusta no es misericordia. No se puede atentar contra la dignidad humana en nombre de la misericordia.

Por eso mismo, para hablar de misericordia en relación con el matrimonio es muy importante entender bien qué realidad de dignidad humana está implicada en esta institución. No cabría misericordia alguna que atentase contra dicha dignidad. Este bien es lo que la tradición cristiana ha denominado “vínculo” y es precisamente lo que ha considerado el sujeto real de la “indisolubilidad” que se atribuye al matrimonio. Es el modo como el Concilio Vaticano II define el matrimonio como una realidad trascendente: «Este vínculo sagrado, en atención al bien tanto de los esposos y de la prole como de la sociedad, no depende de la decisión humana» (GS 48), por lo que lo califica de indisoluble (n. 50). Es un término intrínsecamente unido a la doctrina del matrimonio, pues el Concilio de Trento se sirve de él en sus cánones 5 y 7 sobre este sacramento. Pero no se debe entender como una expresión ajena al amor. El mismo amor en su verdad une las personas mediante vínculos estables. El teólogo Kasper en su libro “Teología del matrimonio” habla así: «En el vínculo de la fidelidad el hombre y la mujer encuentran su estado definitivo. Se convierten en “un solo cuerpo” (Gn 2,24; Mc 10,8; Ef 5,31), esto es, un nosotros-persona» (1978, 26).

Es decir, cuando se habla de “justicia” respecto de la relación hombre y mujer sacramental se refiere al respeto de esta dignidad intangible. Cualquier acercamiento a la pastoral matrimonial con el nombre de la misericordia debe saber determinar la realidad del vínculo, si existe o no. Sin esta aclaración previa cualquier posible actitud misericordiosa sería claramente contraria a la justicia. El mismo Cardenal Kasper parece hacerse eco de ello cuando afirma: «La indisolubilidad de un matrimonio sacramental y la imposibilidad de un nuevo matrimonio durante la vida del otro partner forma parte de la tradición de fe vinculante de la Iglesia que no puede ser abandonada o disuelta apelando a una comprensión superficial de la misericordia a bajo precio».

Por eso mismo, parece extraño que en la larga relación del mismo Cardenal Kasper en el último consistorio no afronte en ningún momento este argumento. Es más, que hable de guardar la justicia sin referirse nunca al vínculo sacramental como el bien de justicia a defender en el matrimonio cristiano, rechazando cualquier ofensa al mismo. Esto es más notorio en cuanto que el lenguaje de la “Familiaris consortio” acerca del tema de los divorciados que buscan una nueva unión se refiere explícitamente a este vínculo sacramental (nn. 83-84), que es la base para el documento posterior de la Congregación para la Doctrina de la Fe que precisamente salía para considerar inaceptable la propuesta de los Obispos de la alta Renania, entre los que se encontraba entre otros el mismo Kasper, sobre los divorciados vueltos a casar.

Extraña todavía más que, al referirse el Cardenal a este vínculo indisoluble que atribuye a San Agustín, no haga la menor mención de remitir tal indisolubilidad a su fundación divina. Más bien sus palabras son de duda: «Hoy muchos tienen dificultad para comprenderla. No se puede entender esta doctrina como una especie de hipóstasis metafísica al lado o sobre el amor personal de los cónyuges; por otra parte no se agota en el amor recíproco y no muere con él (GS 48; EG 66)». Es extraño que ese modo negativo de hablar del vínculo y que destaca la dificultad de comprensión actual, no tome un paralelo muy sencillo de comprender que ayuda precisamente a iluminar su valor sacramental. Es decir, el bautismo, sacramento esencial de la fe, que permanece a pesar de la apostasía. Permanece precisamente como principio de misericordia de fidelidad de Dios a sus promesas, tal como dice San Pablo: «aunque yo sea infiel, Él permanece fiel porque no puede negarse a sí mismo».

Este don indisoluble del bautismo es entonces precisamente la expresión de la misericordia de Diosen el don indisoluble de ser hijo, que el mismo Cristo expone como el principio dramático de la parábola del hijo pródigo.

La defensa del vínculo hasta la indisolubilidad es entonces el modo como Dios ofrece su misericordia sobre el matrimonio. «Su vínculo de amor se convierte en imagen y símbolo de la Alianza que une a Dios con su pueblo» (FC 12). Esto une de forma muy directa el vínculo indisoluble del matrimonio con el amor de los esposos dentro de una clara «primereidad» de la gracia (para usar el neologismo del Papa Francisco) y como un modo de guiar su libertad.

Pero queda claro que, para un cristiano que quiere vivir de su fe, mantener una nueva unión contraria al «vínculo sacro» del matrimonio es un atentado de grave injusticia contra el vínculo divino que permanece, por lo que no cabe allí aplicar una pretendida misericordia, que sería injusta y por eso mismo falsa.

Esto es muy importante, porque es el modo como Juan Pablo II habló en sus Catequesis sobre el amor humano de la «redención del corazón» para indicar la presencia de la gracia en el matrimonio que hace capaz de vivir sus exigencias y como luego Benedicto XVI señala que «A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano» (Deus Caritas Est 11).

La definitividad de la Alianza matrimonial por encima de la debilidad humana no es un «yugo» como un peso insoportable, sino ese «yugo suave» que nos une a Cristo porque lo lleva con nosotros. Es la expresión real de la Nueva Alianza y la que supera por la gracia la «dureza del corazón» que permitía el divorcio, como Jesucristo dice. El argumento real de la misericordia, que encontramos en cambio ausente en la relación del Cardenal alemán, llega a conclusiones contrarias a las que él apunta.

El razonamiento precedente no es algo extraño, proviene de los dos últimos Pontífices, que han dado un espacio enorme a la consideración de la misericordia divina en la nueva evangelización; por eso no deja de sorprender la ausencia de cualquier rastro de alusión a estas interpretaciones. Es más, se pueden ver frases tomadas literalmente del libro que hizo Kasper sobre la familia hace más de treinta años (el año 1978) del que remite los argumentos e incluso del que toma la propuesta que presenta (cfr. p. 68). Se trata de una formulación muy antigua, anterior a “Familiaris consortio”, que ignora casi todo lo que se ha dicho después en el Magisterio y la teología. En este sentido, llama la atención que se sigue citando el libro de Cereti, que no tuvo ninguna recepción entre los patrólogos por lo absolutamente forzado de sus argumentos. El gran patrólogo jesuita Crouzel rechaza la tesis de Cereti y califica el libro «un gran bluff». Un bluff que en cambio ahora se resucita y puede ocasionar graves daños a la Iglesia. Las pocas referencias bibliográficas a las que aduce son de esa época. Incluso se da el caso de que uno de los autores citados se retractó tras la publicación de la “Familiaris consortio” de las afirmaciones que Kasper cita a su favor.

Es decir, al menos el Cardenal tenía que haber tenido en mente esta propuesta contraria a la suya, que se fundamenta de forma muy directa en la misericordia, pero que ve precisamente la indisolubilidad del vínculo como el gran don del amor divino a los esposos y su defensa un testimonio real en el mundo de la presencia del Amor entre los hombres.

La consecuencia es obvia, no se puede plantear la pretendida «solución pastoral» que ha propuesto en su relación el Cardenal Kasper, sin aclarar antes la existencia del vínculo. Por el modo de razonar podría pensarse que el Cardenal duda de la realidad de la permanencia del vínculo cuando no hay razones humanas que la sostienen. Pero si esto es así, es necesario tener la honestidad intelectual de proponer esto explícitamente como el problema real a afrontar, pues no es correcto querer presentar la «solución» como una cuestión de tolerancia pastoral, que no va más allá del debate casuístico entre el rigorismo y el laxismo, cuando lo que en verdad pone en juego es un patrimonio doctrinal asentado, unánimemente atestiguado por la Tradición más que milenaria de la Iglesia.

Como conclusión a lo dicho, parece claro que lo que se pone en verdad en cuestión en la propuesta de Kasper es la existencia o no del vínculo indisoluble, pero eso no es solo un argumento pastoral, por lo que va en contra de la intención reiteradamente proclamada por el Papa Francisco de no querer cambiar nada en la doctrina. Hay que decir también que, desde luego, un Sínodo no es el lugar adecuado para discutir en realidad un tema doctrinal de tal alcance. Si esto es así, o se retira la propuesta en su formulación por impropia ya que olvida los más elementales argumentos contrarios, o se propone discutir la cuestión central atacada por algunos teólogos; pero fuera de un ámbito sinodal. En definitiva, teológicamente hablando, lo que ha propuesto el Cardenal Kasper es un “paso en falso” porque ha ocultado precisamente la cuestión fundamental. Él ha puesto sobre la mesa una profunda cuestión doctrinal y es necesario que todo Obispo que vaya al Sínodo entienda en su justo alcance doctrinal los elementos claves de la propuesta revolucionaria.

La simple base de una cierta constatación de que hubiera existido alguna tolerancia en los primeros siglos con los divorciados, es de una debilidad patente, por lo ambiguo de las afirmaciones, aunqueúnicamente señale las que testimonian esta tolerancia. Es un error confundir misericordia y tolerancia, y una vez que en la Iglesia occidental se asentó la doctrina del vínculo como modo de expresión real de la sacramentalidad del matrimonio se comprendió la imposibilidad de una tolerancia respecto de una grave injusticia.

Esta misericordia, entonces, orienta también el modo como la Iglesia es signo efectivo del perdón de Dios. El perdón es la forma como la misericordia cura la herida causada por la infidelidad. Curar esa herida, como bien ha indicado el Papa Francisco, debe ser el objetivo privilegiado de toda pastoral. La unión profunda entre misericordia y fidelidad que el Cardenal reconoce como un signo de la revelación divina, expresa cómo Dios revela el sentido de la conversión movida por la misericordia como dirigida a la restauración de la Alianza original. Es la verdad que ha de ser vivida por los esposos en su alianza sacramental. Quien permanece fiel al matrimonio, aunque haya sido injustamente abandonado de modo irreversible, está ofreciendo con su fidelidad un altísimo testimonio de la posibilidad de perdón que hace posible la gracia. Se convierte así en testigo privilegiado de la misericordia.

Así como el Dios que hace Alianza con su pueblo, al que quiere perdonar del pecado de la idolatría, no tolera ningún ídolo, como indica la analogía estrechísima entre monoteísmo y monogamia enseñada por el Papa Benedicto XVI. La conversión del que ha sido infiel al vínculo contraído sólo es verdadera si rompe cualquier otro presunto vínculo que sea contrario al primero, al menos en lo que ataña a su significado esponsal.

Ese es el perdón que viene de la misericordia auténtica, que no es mera tolerancia y está muy lejos de la cuestión casuística de la alternativa entre rigorismo y laxismo. Es la verdadera medicina que cura la grave herida de la infidelidad. La única medicina eficaz que el «hospital de campaña» que debe ser la Iglesia puede ofrecer si no quiere traicionar a los heridos y engañar a los sanos. Sólo así el pecado de adulterio deja de ser el único pecado que podría perdonarse sin arrepentimiento ni conversión.




!Viva Cristo Rey y Maria Reina!
Caiga el oprobio sobre los que violan la ley de Dios y la tradicion de la Iglesia.

Lo que nos enseña Cristo sobre el divorcio..

Jesús enseña sobre el divorcio
(Mr. 10.1-12; Lc. 16.18)
19 Aconteció que cuando Jesús terminó estas palabras, se alejó de Galilea, y fue a las regiones de Judea al otro lado del Jordán.
2 Y le siguieron grandes multitudes, y los sanó allí.
3 Entonces vinieron a él los fariseos, tentándole y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?
4 Él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo,
5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne?
6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.
7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla?
8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así.
9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera.
10 Le dijeron sus discípulos: Si así es la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse.
11 Entonces él les dijo: No todos son capaces de recibir esto, sino aquellos a quienes es dado.
12 Pues hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que a sí mismos se hicieron eunucos por causa del reino de los cielos. El que sea capaz de recibir esto, que lo reciba.

Sigamos fieles a la palabra de nuestro Señor Cristo Rey.

domingo, 20 de abril de 2014

Felices Pascuas

Queridos hermanos y hermanasen Cristo Rey y Maria Reina les deseo una muy Felices Pascuas.
A seguir fieles en el combate por la sana doctrina y la restauración
de la Santa madre Iglesia.
!Viva Cristo Rey y Maria Reina! Gott mit uns!




V. Regína coeli, laetáre. 
R. Allelúja. 

V. Quia quem meruísti portáre. 
R. Allelúja. 

V. Resurréxit, sicut dixit. 
R. Allelúja. 

V. Ora pro nobis Deum. 
R. Allelúja. 

V. Gaude et laetáre, Virgo María. Allelúja. 
R. Quia surréxit Dóminus vere. Allelúja. 

Orémus: 
Deus, qui per resurrectiónem Fílii tui Dómini nostri Jesu Christi mundum laetificáre dignátus es: praesta quaésumus ut per ejus Genitrícem Vírginem Maríam perpétuae capiámus gáudia vitae. Per eúmdem Christum Dóminum nostrum. 
R. Amen. 



viernes, 18 de abril de 2014

Viernes Santo 2014





Rezando esta oración delante de un crucifijo, después de haber recibido la Santa Comunión, se gana indulgencia plenaria, con tal que se añada alguna breve oración, un Padre Nuestro y un Ave María por la intención del sumo pontífice (Pío IX)
¡Oh! Mi amado y buen Jesús, postrado en vuestra santísima presencia; os ruego con el mayor fervor imprimáis en mi corazón vivos sentimientos de fe, esperanza y caridad, verdadero dolor de mis pecados y propósito firmísimo de enmendarme; mientras que yo, con todo el amor y con toda la compasión de mi alma, voy considerando vuestras cinco llagas, teniendo presente aquello que dijo de Vos, Oh buen Jesús, el Santo Profeta David: Han taladrado mis manos y mis pies, y se pueden contar todos mis huesos.

 


ACTO DE DESAGRAVIO DE PÍO XI
¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón.

Mas recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos, ante todo, obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar, con voluntaria expiación, no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como a Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del Bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.

Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y la deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada.

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre! Mas, entretanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen vuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que vos mismo ofrecisteis un día sobre la cruz al Eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y mediante el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza en la fe, la inocencia de la vida y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento.

¡Oh benignísimo Jesús! Por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación; concedednos que seamos fieles a vuestros mandatos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén.


La Virgen Dolorosa.
Meditacion sobre los dolores de nuestra Santísima Madre Reina de los Cielos Maria.


Devoción
Siempre los cristianos han aprendido de la Virgen a mejor amar a Jesucristo. La devoción a los Siete Dolores de la Virgen María se desarrolló por diversas revelaciones privadas.
La Virgen comunicó a Santa Brígida de Suecia (1303-1373):
"Miro a todos los que viven en el mundo para ver si hay quien se compadezca de Mí y medite mi dolor, mas hallo poquísimos que piensen en mi tribulación y padecimientos. Por eso tú, hija mía, no te olvides de Mí que soy olvidada y menospreciada por muchos. Mira mi dolor e imítame en lo que pudieres. Considera mis angustias y mis lágrimas y duélete de que sean tan pocos los amigos de Dios."
Nuestra Señora prometió que concedería siete gracias a aquellas almas que la honren y acompañen diariamente, rezando siete Ave Marías mientras meditan en sus lágrimas y dolores:
1. "Yo concederé la paz a sus familias."
2. "Serán iluminadas en cuanto a los divinos Misterios."
3. "Yo las consolaré en sus penas y las acompañaré en sus trabajos.»
4. "Les daré cuanto me pidan, con tal de que no se oponga a la adorable voluntad de mi divino Hijo o a la salvación de sus almas."
5. "Los defenderé en sus batallas espirituales contra el enemigo infernal y las protegeré cada instante de sus vidas."
6. "Les asistiré visiblemente en el momento de su muerte y verán el rostro de su Madre.
7. "He conseguido de mi Divino Hijo que todos aquellos que propaguen la devoción a mis lágrimas y dolores, sean llevadas directamente de esta vida terrena a la felicidad eterna ya que todos sus pecados serán perdonados y mi Hijo será su consuelo y gozo eterno."
Según San Alfonso María Ligorio, Nuestro Señor reveló a Santa Isabel de Hungría que El concedería cuatro gracias especiales a los devotos de los dolores de Su Madre Santísima:
1. Aquellos que antes de su muerte invoquen a la Santísima Madre en nombre de sus dolores, obtendrán una contrición perfecta de todos sus pecados.
2. Jesús protegerá en sus tribulaciones a todos los que recuerden esta devoción y los protegerá muy especialmente a la hora de su muerte.
3. Imprimirá en sus mentes el recuerdo de Su Pasión y tendrán su recompensa en el cielo. 4. Encomendará a estas almas devotas en manos de María, a fin de que les obtenga todas las gracias que quiera derramar en ellas.
Meditar los siete Dolores de Nuestra Madre Santísima es una manera de compartir los sufrimientos  más hondos de la vida de María en la tierra.
La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores se celebra el 15 de septiembre, al día siguiente de la Exaltación de la Santa Cruz. Al pie de la Cruz, donde una espada de dolor atravesó el corazón de María, Jesús nos entregó a Su Madre como Madre nuestra poco antes de morir. En respuesta a esta demostración suprema de Su amor por nosotros, digamos cada día de nuestras vidas: "Sí, Ella es mi Madre. Jesús, yo la recibo y Te pido que me prestes Tu Corazón para amar a María como Tú la amas."
Se reza un Padrenuestro y siete Ave Marías por cada dolor de la Virgen. Al mismo tiempo le pedimos que nos ayude a entender el mal que hemos cometido y nos lleve a un verdadero arrepentimiento. Al unir nuestros dolores a los de María, tal como Ella unió Sus dolores a los de su Hijo, participamos en la redención de nuestros pecados y los del mundo entero.
Acto de Contrición
Señor mío, Jesucristo, me arrepiento profundamente de todos mis pecados. Humildemente suplico Tu perdón y por medio de Tu gracia, concédeme ser verdaderamente merecedor de Tu amor, por los méritos de Tu Pasión y Tu muerte y por los dolores de Tu Madre Santísima. Amén.
(Se aconseja leer del Evangelio las citas que acompañan a cada dolor)


Primer Dolor - La profecía de Simeón 
(cf. Lucas 2,22-35)
Qué grande fue el impacto en el Corazón de María, cuando oyó las tristes palabras con las que Simeón le profetizó la amarga Pasión y muerte de su dulce Jesús. Querida Madre, obtén para mí un auténtico arrepentimiento por mis pecados.
-Padr
enuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre



Segundo Dol
or - La huida a Egipto 
(Mateo 2,13-15)
Considera el agudo dolor que María sintió cuando ella y José tuvieron que huir repentinamente de noche, a fin de salvar a su querido Hijo de la matanza decretada por Herodes. Cuánta angustia la de María, cuántas fueron sus privaciones durante tan largo viaje. Cuántos sufrimientos experimentó Ella en la tierra del exilio. Madre Dolorosa, alcánzame la gracia de perseverar en la confianza y el abandono a Dios, aún en los momentos más difíciles de mi vida.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre


Tercer Dolo
r - El Niño perdido en el Templo 
(Lucas 2,41 -50)
Qué angustioso fue el dolor de María cuando se percató de que había perdido a su querido Hijo. Llena de preocupación y fatiga, regresó con José a Jerusalén. Durante tres largos días buscaron a Jesús, hasta que lo encontraron en el templo. Madre querida, cuando el pecado me lleve a perder a Jesús, ayúdame a encontrarlo de nuevo a través del Sacramento de la Reconciliación.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre



Cuarto Dolor - María se encuentra con Jesús camino al Calvario (IV Estación del Vía Crucis)
Acércate, querido cristiano, ven y ve si puedes soportar tan triste escena. Esta Madre, tan dulce y amorosa, se encuentra con su Hijo en medio de quienes lo arrastran a tan cruel muerte. Consideren el tremendo dolor que sintieron cuando sus ojos se encontraron - el dolor de la Madre bendita que intentaba dar apoyo a su Hijo. María, yo también quiero acompañar a Jesús en Su Pasión, ayúdame a reconocerlo en mis hermanos y hermanas que sufren.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre

Quinto Dolor - Jesús muere en la Cruz (Juan 19,17-39)
Contempla los dos sacrificios en el Calvario - uno, el cuerpo de Jesús; el otro, el corazón de María. Triste es el espectáculo de la Madre del Redentor viendo a su querido Hijo cruelmente clavado en la cruz. Ella permaneció al pie de la cruz y oyó a su Hijo prometerle el cielo a un ladrón y perdonar a Sus enemigos. Sus últimas palabras dirigidas a Ella fueron: "Madre, he ahí a tu hijo." Y a nosotros nos dijo en Juan: "Hijo, he ahí a tu Madre." María, yo te acepto como mi Madre y quiero recordar siempre que Tú nunca le fallas a tus hijos.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre


Sexto Dolor - María recibe el Cuerpo de Jesús al ser bajado de la Cruz 
(Marcos 15, 42-46)
Considera el amargo dolor que sintió el Corazón de María cuando el cuerpo de su querido Jesús fue bajado de la cruz y colocado en su regazo. Oh, Madre Dolorosa, nuestros corazones se estremecen al ver tanta aflicción. Haz que permanezcamos fieles a Jesús hasta el último instante de nuestras vidas.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre



Séptimo Dolor -Jesús es colocado en el Sepulcro
 (Juan 19, 38-42)
¡Oh Madre, tan afligida! Ya que en la persona del apóstol San Juan nos acogiste como a tus hijos al pie de la cruz y ello a costa de dolores tan acerbos, intercede por nosotros y alcánzanos las gracias que te pedimos en esta oración. Alcánzanos, sobre todo, oh Madre tierna y compasiva, la gracia de vivir y perseverar siempre en el servicio de tu Hijo amadísimo, a fin de que merezcamos alabarlo eternamente en el cielo.
-Padrenuestro, siete Ave Marías, Gloria al Padre


Oración final
Oh Doloroso e Inmaculado Corazón de María, morada de pureza y santidad, cubre mi alma con tu protección maternal a fin de que siendo siempre fiel a la voz de Jesús, responda a Su amor y obedezca Su divina voluntad. Quiero, Madre mía, vivir íntimamente unido a tu Corazón que está totalmente unido al Corazón de tu Divino Hijo. Átame a tu Corazón y al Corazón de Jesús con tus virtudes y dolores. Protégeme siempre. Amén.



martes, 15 de abril de 2014

El Kardinal Kasper y sus ideas contrarias a la sana Doctrina- Sin comentarios para meditar...

La nueva pastoral del matrimonio
según el Cardenal Kasper
 
En otoño próximo tendrá lugar en Roma un Sínodo extraordinario de los obispos sobre el tema de la familia, en especial sobre los problemas de la familia cristiana en un mundo marcado por el secularismo: concubinato, divorcio, contracepción, etc. En un cuestionario especial enviado por Roma en octubre, los obispos debían contestar sobre la moral del matrimonio. En algunos países, en particular en los de habla alemana, los obispos reenviaron el cuestionario a algunos fieles seleccionados, que respondieron según se esperaba.
Las respuestas muestran en qué adelantado proceso de degradación se halla la moral del matrimonio cristiano en el otrora pueblo cristiano. Sobre la pregunta: “¿Sintió culpa alguna vez por haber usado los llamados métodos anticonceptivos no permitidos?” El 86% contestó NO, y el 14% SÍ. Siguiente pregunta: “¿Se ha apartado por ello de la Comunión?” En este caso un 90% respondió NO, y un 10% SÍ. En el obispado de Aquisgrán dio como resultado que “la moral sexual y matrimonial de la Iglesia” constituía “para muchos un obstáculo a la fe”. En la diócesis de Bamberg las respuestas “reflejaron una posición crítica contra la moral del matrimonio”. En la diócesis de Essen los interrogados estaban dispuestos “a hacer posible una bendición especial para las parejas del mismo sexo”. En la diócesis de Friburgo de Brisgovia, “vivir en concubinato antes del matrimonio religioso no es excepción, sino el caso habitual”. En la diócesis de Colonia “se considera que la doctrina de la Iglesia está en ruptura con el mundo contemporáneo y sus relaciones normales”. En la diócesis de Magdeburgo “la Iglesia ha perdido su estatuto de referencia en el campo del matrimonio y de la familia”. En la diócesis de Maguncia (Mainz), “prácticamente todos rechazan la condenación de los métodos artificiales de regulación de la fertilidad o la consideran carente de importancia”. En la diócesis de Osnabrück, “cada vez son más las personas que dan la espalda a la Iglesia”. En la diócesis de Rottenburg, “se considera un delito prohibir el uso de preservativos”. En la diócesis de Tréveris (Trier), los fieles consultados esperan “un gesto de misericordia en las cuestiones matrimoniales, en los fracasos, en el recomenzar una relación y en la sexualidad”. (1)
El papel nefasto del Cardenal Kasper
El Santo Padre había convocado para la semana del 17 al 22 de febrero un consistorio dedicado particularmente a preparar el próximo sínodo de obispos. El Papa había designado al Cardenal Kasper como a único orador el cual, el jueves 20 de febrero por la mañana, realizó una ponencia detallada ante los demás cardenales. Antes de examinar con más detenimiento su intervención, nos gustaría conocer más a fondo las posiciones teológicas de su autor.
Walter Kasper nació en 1933. En 1957 fue ordenado sacerdote, orientándose luego a los estudios universitarios. Después de haber sido asistente de Hans Küng fue profesor de teología, y en 1989 fue nombrado obispo de la diócesis de Rottenburg-Stuttgart. En 1993 lanzó, junto con Mons. Lehmann, hoy cardenal, y con el Arzobispo de Friburgo Mons. Saier, hoy fallecido, una primera ofensiva para introducir la comunión sacramental de los divorciados “vueltos a casar”, la cual fue resueltamente rechazada por el Cardenal Ratzinger, prefecto, en aquel momento, de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En 1999 Mons. Kasper fue convocado a Roma para ocupar el cargo de secretario del Consejo pontificio para la unidad de los cristianos; poco tiempo después, sería nombrado presidente del mismo. Durante el mismo año, colaboraría ampliamente en la elaboración y en la firma de la Declaración común de Ausburgo entre católicos y protestantes. En 2010 presentaba su dimisión en razón de su edad; sin embargo, al quedar la sede pontificia vacante, el Cardenal Bergoglio encontrará en él un decidido defensor para su elevación a la cátedra de Pedro.
Echemos ahora una mirada sobre la obra académica del Cardenal Kasper. En 1967, declaraba en un artículo: “Ese Dios que reina como un ser inmutable por encima del mundo y de la historia, constituye un reto para el hombre. Por amor al hombre hay que negarlo, puesto que reclama para sí mismo la dignidad y el honor que son debidos al hombre. [...] Debemos defendernos contra un Dios semejante, no solamente por amor al hombre, sino también por amor a Dios. Ese no es el Dios verdadero, es un ídolo miserable. Un Dios, pues, que se halla al margen y por encima de la historia, que Él mismo no es historia (el destacado es nuestro), es un Dios limitado. Si designamos a este ser como a Dios deberíamos, por amor al Absoluto, hacernos ateos. Un Dios así corresponde a una visión fixista del mundo; es el garante de las cosas establecidas y el enemigo de las novedades”. (2)
En su libro “Einführung in den Glauben”, sostiene que los dogmas pueden ser “unívocos, superficiales, discutibles, estúpidos y precipitados”.(3)
En su obra “Jesus der Christus” escribe sobre la narración de los milagros en el Nuevo Testamento:“Gracias al método crítico, se puede comprobar una tendencia a aumentar los milagros, a exagerarlos y a multiplicarlos. [...] Esto reduce considerablemente el contenido de los Evangelios en las narraciones de los milagros”.(4) Para el Cardenal Kasper las narraciones de los milagros tienen su explicación en una“transposición de motivos no cristianos en la persona de Jesús, con el fin de destacar su grandeza y su poder. [...] Algunas narraciones de los milagros resultan del método histórico-crítico como proyecciones retrospectivas de experiencias pascuales integradas en la vida terrena de Jesús, respectivamente como representaciones anticipadas del Cristo glorificado”.(5) Esto se aplica, por ejemplo, para las resurrecciones de la hija de Jairo, del hijo de la viuda de Naím y de Lázaro. “De esta forma, los milagros referentes a naturalezas físicas, son el resultado de añadidos posteriores a la tradición original”.(6)
En cuanto a la narración más antigua de la resurrección de Jesús (Mc 16, 1-8), asevera “que no se trata de un rasgo histórico sino de una figura de estilo destinada a llamar la atención y a generar expectación”.(7) Kasper, disuelve así no solo la fe en la Resurrección de Nuestro Señor, sino el dogma cristológico en su conjunto. Dice: “Según los evangelios sinópticos, Cristo jamás se hace llamar a sí mismo hijo de Dios; lo cual demuestra, indudablemente, que la afirmación de su filiación divina nace de la fe de la Iglesia”.(8) Otra afirmación: “Probablemente Jesús nunca se designó a sí mismo como mesías, ni como servidor de Dios, ni como hijo de Dios, y tampoco como hijo del hombre”.(9) El dogma por el cual Jesús “es verdadero hombre y verdadero Dios” es, según él “superable”.(10) ¿No es esto modernismo en en su sentido más propio y puro? ¡Y este hombre fue designado por el Papa para presentar al consistorio una visión de la familia y de los graves problemas que la aquejan hoy en día! Semejante fe modernista, ¿puede servir de base a una moral cristiana? ¿Qué queda, pues, del temor de Dios, fundamento de la sabiduría (cfr. Salmo 109)?
Ponencia del Cardenal Kasper del 20 de febrero de 2014 en el Consistorio
Volvamos ahora a su última ponencia que, por otro lado fue publicada por la editorial Herder el 10 de marzo último, justo antes de la asamblea de la Conferencia Episcopal Alemana... Sería ingenuidad ver aquí una pura coincidencia.
En la primera parte, el Cardenal trata de la familia en el orden de la creación y de la redención; habla de las consecuencias del pecado en la vida de familia, y de la familia como iglesia doméstica. Podemos encontrar en estos textos algún que otro buen pensamiento, como por ejemplo en la página 42: “El corazón renovado pide estar siempre nuevamente formado y presupone una cultura del corazón. La vida de familia se debe cultivar según las tres palabras claves del Santo Padre: por favor, gracias, perdón. Hay que dedicarle tiempo al otro y celebrar el sabbat, o sea el domingo juntos; hay que practicar incesantemente la indulgencia, el perdón y la paciencia; son necesarias incesantes muestras de benevolencia, de estima, de delicadeza, de agradecimiento y de amor. La oración en familia, el sacramento de la penitencia y la celebración común de la eucaristía constituyen una ayuda para fortalecer incesantemente el lazo matrimonial, por el cual Dios ha unido a los esposos. Siempre es grato encontrar esposos ancianos que se sienten aún, a pesar de la edad, enamorados, enamorados con un amor maduro. He aquí también un signo de una existencia humana redimida”. Ahora bien, la familia ¿es verdaderamente “el camino de la Iglesia”, como pretende el Cardenal al final del capítulo cuarto? ¿No es más bien la Iglesia el camino de la familia?
Sin embargo, el acento principal está puesto, sin lugar a dudas, sobre el problema de los divorciados “vueltos a casar”, en el capítulo quinto de la ponencia. El cardenal tiene razón cuando comprueba que el aumento significativo de familias destruidas constituye una verdadera tragedia para el futuro de la Iglesia, pero escandaliza que no mencione las razones profundas de dicho crecimiento: una catequesis del matrimonio adulterada, recortada o incluso falsificada, o aún más, una omisión total de la predicación –no solo durante algunos años sino lustros– de la santidad del vínculo matrimonial, imagen del vínculo entre Cristo y su Esposa mística, la Santa Iglesia, y por ende de su indisolubilidad. A este respecto, hay que acusar con firmeza a los obispos de haber descuidado, de manera culpable, su ministerio de doctores de la fe y de las costumbres en sus respectivas diócesis. Para dar solo un ejemplo: jamás se escuchó al Cardenal Kasper, en tanto obispo de Rottenburg, que opportune – importune haya defendido la indisolubilidad del matrimonio en sus sermones, catequesis y conferencias.
Nuestro ponente tiene toda la razón cuando dice que se puede “admirar y apoyar el heroismo de esposos abandonados que se quedan solos y que deben desenvolverse en la vida” (página 55). El cristianismo reclama de tiempo en tiempo, en efecto, este heroísmo, heroísmo que si no es posible a las fuerzas humanas, se hace posible con el concurso de la gracia divina como lo prueba aún hoy la conducta de muchos esposos abandonados, que permanecen fieles, a pesar de todo. San Pablo decía en este sentido, todo lo puedo en Aquel que me conforta (Fil. 4,13).
Sin embargo, algunas frases del Cardenal Kasper son simplemente sorprendentes: “Muchas parejas abandonadas deben formar una nueva relación por el bien de los hijos, contraer matrimonio civil, al cual no pueden renunciar después sin pecado. Muchos, después de haber vivido amargas experiencias, encuentran en estas nuevas uniones, una felicidad humana, y más aún un regalo del cielo (pág. 55) (los destacados son nuestros). Digámoslo claramente: una “nueva relación” de estas características está y seguirá estando en contradicción con la indisolubilidad del matrimonio, y constituye un grave pecado. Y si bien es cierto que los niños nacidos de tales uniones no pueden ser abandonados sin más ni más, la Iglesia en su sabiduría sabe responder a estas situaciones concretas con soluciones que respetan la ley moral universal. De nada sirve recordar, después de abrir semejante brecha, que “la indisolubilidad del matrimonio sacramental y la imposibilidad de llevar a cabo un segundo matrimonio sacramental durante la vida del primero de los cónyuges forma parte de la tradición de la fe de la Iglesia” (pág. 55).
Un poco después el cardenal irá más a fondo, en donde mostrará su línea de pensamiento: “Nos encontramos hoy en una situación similar a la del último Concilio, en donde era cuestión del ecumenismo o de la libertad religiosa. En aquel momento parecía que las encíclicas y las decisiones del Santo Oficio bloqueaban el camino a seguir; pero en ese momento el Concilio abrió las puertas sin tocar la tradición dogmática definitiva” (pág. 57). Precisamente de esto se lamenta la Fraternidad San Pío X desde hace años: el Concilio ha abierto las puertas al error y ha provocado así gran parte de la ruina postconciliar. Sin embargo, Su Eminencia justifica este “desarrollo ulterior” por una “hermenéutica al mismo tiempo jurídica y pastoral” (pág. 60).
Nuestro exponente hace recordar que el Papa Benedicto XVI había concedido a los divorciados “vueltos a casar” no la comunión sacramental sino la espiritual, por lo que el cardenal se pregunta por qué no podrían recibir igualmente la sacramental. La respuesta es simple: la comunión espiritual supone el arrepentimiento de las propias faltas que implora a Dios la ayuda necesaria para salir de tal situación, mientras que la admisión a la comunión sacramental aprobaría el estado de pecado, bendeciría el divorcio y el concubinato, y conduciría al pecador a su ruina temporal y eterna. Por otro lado, esta observación se aplica también al “tiempo de penitencia” propuesto por el cardenal, antes de que los divorciados “vueltos a casar” puedan recibir la santa comunión: la penitencia, así como el arrepentimiento, deben estar acompañados del firme propósito de la enmienda de vida, sin la cual el arrepentimiento no tiene valor alguno. ¿Acaso el Espíritu Santo no se ha revelado, en boca del apóstol San Pablo, al decir que el que come y bebe indignamente, es decir, el que recibe la comunión sacramental en estado de pecado grave, come y bebe su propia condenación (1 Cor 11, 29)? ¿Puede pensarse en una crueldad mayor para con las almas, y en un daño aún mayor para la doctrina de la Iglesia? El mismo Compendium del “Catecismo de la Iglesia católica” cuenta (pág. 242) entre las obras de misericordia espiritual –en este punto es conforme a la Tradición católica– el de reprender a los pecadores. Esto nos hace comprobar que los hombres de Iglesia han perdido de vista casi por completo la salvación de las almas. Parecería que el cardenal no sabe distinguir entre el rechazo del pecado y la misericordia hacia el pecador. En su respuesta a las objeciones de sus colegas cardenales, pretende que la misericordia es “un principio hermenéutico para la interpretación de la verdad” (pág. 79) –con semejante argumento se pueden franquear todos los dogmas– y para ello alega la epiqueia (pág. 82). Pero he aquí que la epiqueya no puede caber aquí. De hecho la epiqueia consiste en suspender la aplicación de una ley humana con el fin de respetar el espíritu en un caso concreto y excepcional, no expresamente previsto por el legislador, el cual en ese caso preciso dispensaría de la obligación en razón de la gran dificultad o de los daños que de ello resultarían. Ahora bien, la ley que está en juego aquí es la ley natural y su autor es Dios creador, para quien nada es excepcional y quien desde toda la eternidad tiene conocimiento de todos y de cada uno de los divorcios de la historia del hombre. La epiqueya no se puede, entonces, de ninguna manera aplicar contra esta prohibición, pues no depende de una ley humana, sino de una ley divina.
La actitud del Papa
En la tarde del 20 de febrero, se vivió en el consistorio un clima de contradicción y de ataques bastante fuertes contra la ponencia del Cardenal Kasper. Sin embargo, el viernes por la mañana el Papa Francisco prodigó elogios al cardenal alemán. Durante la apertura del segundo día del consistorio, el Papa declaraba con respecto a dicha ponencia: “He encontrado allí amor por la Iglesia” y agregaba: “Anoche, antes de irme a dormir, no para conciliar el sueño, volví a leer el trabajo del Cardenal Kasper; quisiera darle las gracias pues he encontrado allí una teología profunda, un pensamiento sereno de la teología. Resulta agradable leer una teología serena. He encontrado asimismo lo que San Ignacio nos decía, el sensus Ecclesiæ, el amor de nuestra madre la Iglesia. Eso me hizo bien y me vino una idea a la cabeza; discúlpeme, Eminencia si lo pongo en una situación incómoda. La idea es la siguiente: Esto es lo que llamo hacer teología de rodillas. Gracias. Gracias”.(11)
Otras consecuencias
Junto a esta oposición que encontró el Cardenal en el Consistorio, se hicieron sentir, naturalmente, voces de apoyo a su iniciativa. El Cardenal Marx, Arzobispo de Munich, estaba entusiasmado después de la ponencia de Kasper. Según el prelado, esta ponencia fue una “Apertura” hacia una discusión que está lejos de terminarse. El Cardenal Marx había criticado pública y ásperamente al prefecto de la Congregación para la doctrina de la fe, Mons. Müller, cuando éste recordó la doctrina católica, a saber la indisolubilidad del matrimonio y por ende, lo imposibilidad de otorgar a los divorciados “vueltos a casar” el acceso a la comunión. El Cardenal Shönborn, arzobispo de Viena (Austria), manifestó su grata impresión. En la edición actual de su periódico diocesano, dice sobre la ponencia de Kasper que “el tema llega allí adonde a la familia le aprieta el zapato”, y la encuentra “maravillosamente expresada”, “extraordinaria”.(12)
La llaga abierta con el discurso del Cardenal Kasper va a continuar supurando y causando durante mucho tiempo graves perjuicios al cuerpo místico de Cristo, tanto más que Kasper se halla protegido por el Papa. Como muestra de estos efectos nefastos, basta ver la automática división en la asamblea general de los obispos alemanes en Münster, en especial con motivo de la elección del nuevo presidente de la Conferencia Episcopal.
El inicio de esta discusión constituye en efecto un verdadero ataque, similar al llevado a cabo contra la encíclica “Humanæ vitæ” de Pablo VI por medio de la “Königsteiner Erklärung” de los obispos alemanes en donde pretendían que los esposos pueden seguir su conciencia individual en materia de contracepción. Las consecuencias que tendrá este ataque a la moral conyugal, se pueden ya leer en un artículo pastoral editado en septiembre de 2013 por el equipo pastoral del arzobispado de Friburgo de Brisgovia. En dicho artículo, se afirma lo siguiente: “La segunda comunidad conyugal debe, durante un tiempo prolongado, haber dado muestras de una voluntad decidida y públicamente manifestada de vivir juntos de manera permanente según el orden establecido del matrimonio, como realidad moral [...]”.
Estas parejas, “en razón de los valores humanos que realizan conjuntamente, y sobre todo por su disponibilidad a tomar la responsabilidad del uno por el otro de manera pública y jurídica, merecen un reconocimiento moral. [...] La pareja desea mutuamente esta aprobación, desea que su vida esté acompañada y protegida por Dios; esperan un acompañamiento que les dé ánimo y confianza para emprender su nuevo proyecto de vida. [...] La bendición y la entrega de una vela simbolizan este deseo.[...]”
De lo anterior se sigue que habrá una celebración litúrgica con bendición para ese tipo de “parejas”: “Se enciende una vela de la llama del cirio pascual; la pareja sostiene la vela”. Se propone la siguiente oración: “Oremos: eterno Dios, en ti hallamos perdón, amor y vida nueva. Tú iluminas la vida. Te rogamos bendigas esta vela. Así como su resplandor da luz a la noche, así tú iluminas el camino de cada hombre. Sé tú también luz para N. y N. a fin de que experimenten en todas las cosas lo que significa el sostén de tu presencia. Ayúdalos, a fin de que se salven y fortalezcan en tu luz. Te lo pedimos por el mismo Cristo, Nuestro Señor. Amén”. En función de la situación y del lugar, se puede añadir eventualmente:“oración para toda la (nueva) familia (Benediktionale pág. 239) – bendición de la casa común (Benediktionale pág. 270)”. ¿No es acaso bendecir el concubinato, y por tanto bendecir el pecado?
La iniciativa del Cardenal prevé la comunión sacramental solo para una pequeña parte de los concubinos; pero ¿quién los va a designar? Y aquellos que no sean admitidos ¿no se sentirán dejados injustamente de lado? Sucederá lo mismo que con la “Königsteiner Erklärung”: una vez hecha la brecha en el dique, la práctica de las comuniones sacrílegas por parte de los concubinos se propagará como un tsunami.
Si bien el neomodernismo causó perjuicios enormes antes y después del Concilio en la fe y en la Tradición, continuaban, sin embargo, defendiendo la moral, al menos en algunos puntos. El Cardenal Kasper toma ahora las armas contra dichos puntos.
Doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio
El matrimonio cristiano tiene por modelo a la alianza entre Dios y su pueblo; y más aún, al vínculo del Esposo místico Jesucristo con su esposa la Iglesia. Una vez consumado, el matrimonio es para siempre indisoluble y elevado por Dios mismo como sacramento verdadero.
Su primer objetivo es la transmisión de la vida y la educación cristiana de los hijos confiados por Dios a los esposos, hasta la edad de perfectos cristianos. Su segundo objetivo es la ayuda mutua que se dan los esposos y su santificación. Es además, un remedio contra la concupiscencia de la carne.
En defensa de la dignidad, de la santidad y de la indisolubilidad del matrimonio entendido como el vínculo entre un hombre y una mujer, añadamos también las palabras de Cristo: “Que el hombre no separe lo que Dios ha unido” (Mt 19, 6) y “El que repudia a su mujer y se casa con otro, comete adulterio” (Lc 16, 18). Así, pues, si estando en vida aún el cónyuge, un cristiano casado entabla una nueva relación, comete adulterio y este pecado lo excluye de la recepción de los sacramentos. “No os engañéis: Los adúlteros no poseerán el reino de los cielos” (1 Cor 6, 9). Esta es doctrina revelada por Dios, mantenida constantemente por la Iglesia y que el Concilio de Trento en su 24ª Sesión del 11 de noviembre de 1563 puso de manifiesto. El canon N° 7 dice con respecto al sacramento del matrimonio: “Si alguno dijere que lo que la Iglesia enseñó o enseña es errado, conforme a la enseñanza del Evangelio y del Apóstol [ver Mt 5, 32; 19, 9; Mc 10, 11-12; Lc 16, 18; 1 Cor 7, 11], por el cual el vínculo matrimonial no puede romperse sin adulterio de uno de los esposos, y que ni uno ni el otro, incluso el inocente que no ha dado motivo al adulterio, no puede, estando vivo el cónyuge, contraer un nuevo matrimonio; es adúltero el que se casa con otra mujer después de haber despedido a la adúltera y la que se casa con otro hombre después de haber despedido al adúltero: que sea anatema”.
Hace no mucho tiempo –el 14 de septiembre de 1994– la Congregación para la doctrina de la Fe, en una carta dedicada justamente a la cuestión de la comunión para los divorciados “vueltos a casar”, había rechazado esta práctica. Debido a las fuertes reacciones que esta carta había suscitado, el Cardenal Ratzinger había insistido una vez más sobre la doctrina de la Iglesia con relación a la indisolubilidad del matrimonio y había respondido a las objeciones y reproches. Esta segunda carta refutaba por adelantado y de una manera exhaustiva los sofismas del Cardenal Kasper.(13)
Cuando Enrique VIII de Inglaterra quiso, en el siglo XVI, contraer nupcias adúlteras con la dama de la corte Ana Bolena, la Santa Sede defendió la santidad del matrimonio, sufriendo por ello que un país entero le sea arrebatado de la unidad de la Iglesia. En tiempos evangélicos vemos a San Juan Bautista llamar al orden a Herodes: “No te es permitido tener a la mujer de tu hermano” (Mc 6, 18). En testimonio de esto, vemos cómo San Juan entrega su vida y su sangre. Solo un amor semejante de la verdad y una firmeza semejante en los hombres de Iglesia, y ante todo en los obispos y en los representantes de la Santa Sede, serán capaces de reconstruir la cristiandad.
Zaitzkofen, 25 de marzo de 2014
en la Fiesta de la Anunciación de la Ssma. Virgen María


Padre Franz Schmidberger
Rector del Seminario Herz Jesu Antiguo Superior General de la Fraternidad San Pío X
 
NOTAS:
(1)
 Citas tomadas y traducidas de la revista “Der Spiegel”, mayo de 2014.
(2) “Gott in der Geschichte”, artículo aparecido en “Gott heute”, 15 Beiträge zur Gottesfrage.
(3) “Einführung in den Glauben”, Walter Kasper, 1974, Ediciones Matthias Grünewald, 7ª edición, 1983, capítulo 9.4, pág. 148, [la traducción es nuestra].
(4) “Jesus der Christus”, Walter Kasper, Ediciones Matthias Grünewald, 7ª edición, 1978, Segunda Parte: “Geschichte und Geschick Jesu Christi”, capítulo 3, páginas 105-106. [En español: “Jesús el Cristo”, editorial Sal Terrae, 2013].
(5) Ibid., pág. 106.
(6) Ibid., pág. 106.
(7) Ibid., págs. 149-150.
(8) Ibid., pág. 129.
(9) Kasper, “Jesus und der Glaube”, en: Walter Kasper, Jürgen Moltmann: “Jesus ja – Kirche nein?” (theologische Meditationen 32), Zürich, Einsiedeln, Köln 1973, pág. 20.
(10) Kasper: “Einführung in den Glauben”, pág. 55.
(11) http://www.vatican.va/holy_father/francesco/speeches/2014/february/documents/papa-francesco_20140221_concistoro-ora-terza_it.html
(12) Giuseppe Nardi: “Katholisches.info” del 27 de febrero de 2014.
(13) Esta carta fue publicada nuevamente por Benedicto XVI en el “L’Osservatore Romano” a fines de noviembre de 2011. Recomendamos vivamente leer

miércoles, 9 de abril de 2014

Encuesta reciente del Corriere della sera en Italia. ¿Esta a favor de que se rece la Misa en la Forma Tradicional?





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