lunes, 1 de junio de 2009

EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES


EXORCISMO CONTRA SATANÁS Y LOS ÁNGELES REBELDES

Publicado por orden de Su Santidad León XIII



En el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Salmo 67.
Levántese Dios y sean dispersados sus enemigos y huyan de su presencia los que le odian.
Como se disipa el humo se disipen ellos, como, se derrite la cera ante el fuego, así perecerán los impíos ante Dios.

Salmo 34.
Señor, pelea contra los que me atacan; combate a los que luchan contra mí.
Sufran una derrota y queden avergonzados los que me persiguen a muerte.
Vuelvan la espalda llenos de oprobio los que maquinan mi perdición.
Sean como polvo frente al viento cuando el Ángel del Señor los desbarate.
Sea su camino oscuro y resbaladizo, cuando el Ángel del Señor los persiga.
Porque sin motivo me tendieron redes de muerte, sin razón me abrieron trampas mortales.
Que les sorprenda un desastre imprevisto, que los enrede la red que para mí escondieron; que caigan en la misma trampa que me abrieron. Mi alma se alegra con el Señor y gozará de su salvación.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.

Súplica a San Miguel Arcángel.
Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel, defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo “contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires” (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y a tan “alto precio rescatados” (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor, como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer, y perdieron su lugar en el Cielo. “Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente el denominado diablo y Satanás, el seductor del universo: fue precipitado a la tierra y con él fueron arrojados sus ángeles” (Apoc. 12,.8-9).

He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de “ángel de luz” (II Cor. 11, 14) con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera, y se instala en todo lugar, con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón, el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades.

Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la abominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid, ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

La Iglesia te venera como su guardián y patrono, se gloría que eres su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales; Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies, para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo, para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8), y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo, para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20). Sigue…

Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia, nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.

R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.
Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.
R. Como lo esperamos de Ti.
Señor, escucha nuestra oración.
R. Y llegue a Ti nuestro clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos. Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo, invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu clemencia, para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.

Exorcismo: Te exorcizamos todo espíritu maligno, poder satánico, ataque del infernal adversario, legión, concentración y secta diabólica, en el nombre y virtud de Nuestro Señor Jesu + cristo, para que salgas y huyas de la Iglesia de Dios, de las almas creadas a imagen de Dios y redimidas por la preciosa Sangre del Divino Cordero +. En adelante no oses, perfidísima serpiente, engañar al género humano, perseguir a la Iglesia de Dios, zarandear a los elegidos y cribarlos como el trigo +. Te lo manda Dios Altísimo, a quien en tu insolente soberbia aún pretendes asemejarte, “el cual quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (II Tim. 2). Te lo manda Dios Padre + te lo manda Dios Hijo +; te lo manda Dios Espíritu Santo +. Te lo manda la majestad de Cristo, el Verbo eterno de Dios hecho hombre, quien para salvar a la estirpe perdida por tu envidia, “se humilló a sí mismo hecho obediente hasta la muerte” (Fil. 2); el cual edificó su Iglesia sobre roca firme, y reveló que los “poderes del infierno nunca prevalecerían contra ella, Él mismo había de permanecer con ella todos los días hasta el fin de los tiempos” (Mat. 28, 20). Te lo manda el santo signo de la Cruz y la virtud de todos los Misterios de la fe cristiana +. Te lo manda la excelsa Madre de Dios, la Virgen María, quien con su humildad desde el primer instante de su Inmaculada Concepción aplastó tu orgullosa cabeza +.

Te lo manda la fe de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de los demás Apóstoles +. Te lo manda la sangre de los mártires y la piadosa intercesión de todos los Santos y Santas +. Por tanto, maldito dragón y toda legión diabólica, te conjuramos por Dios + vivo, por Dios + verdadero, por Dios + santo, que “de tal modo amó al mundo que entrego a su unigénito Hijo, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que viva la vida eterna” (Juan 3); cesa de engañar a las criaturas humanas y deja de suministrarles el veneno de la eterna perdición; deja de dañar a la Iglesia y de poner trabas a su libertad. Huye Satanás, inventor y maestro de toda falacia, enemigo de la salvación de los hombres. Retrocede ante Cristo, en quien nada has hallado semejante a tus obras. Retrocede ante la Iglesia una, santa, católica y apostólica, la que el mismo Cristo adquirió con su Sangre. Humíllate bajo la poderosa mano de Dios. Tiembla y huye, al ser invocado por nosotros el santo y terrible Nombre de Jesús, ante el que se estremecen los infiernos, a quien están sometidas las Virtudes de los cielos, las Potestades y las Dominaciones; a quien los Querubines y Serafines alaban con incesantes voces diciendo: Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los Ejércitos.

Señor, escucha mi oración.
R. Y llegue a Ti mi clamor.
(El Señor esté con vosotros. (Sólo si es un sacerdote)
R. Y con tu espíritu).

Oremos. Dios del Cielo y de la tierra, Dios de los Ángeles, Dios de los Arcángeles, Dios de los Patriarcas, Dios de los Profetas, Dios de los Apóstoles, Dios de los Mártires, Dios de los Confesores, Dios de las Vírgenes, Dios que tienes el poder de dar la vida después de la muerte, el descanso después del trabajo, porque no hay otro Dios fuera de Ti, ni puede haber otros sino Tú mismo, Creador de todo lo visible y lo invisible, cuyo reino no tendrá fin: humildemente te suplicamos que tu gloriosa Majestad se digne libramos eficazmente y guardamos sanos de todo poder, lazo, mentira y maldad de los espíritus infernales. Por Cristo Nuestro Señor. Amén.

De las asechanzas del demonio.
R. Líbranos, Señor.
Haz que tu Iglesia te sirva con segura libertad.
R. Te rogamos, óyenos.
Dígnate humillar a los enemigos de tu Iglesia.
R. Te rogamos, óyenos.

(Se rocía con agua bendita el lugar y a los presentes).

Señor, no recuerdes nuestros delitos ni los de nuestros padres, ni tomes venganza de nuestros pecados (Tobías 3, 3).

Padre nuestro …

Las Preces leoninas


Un rito una tradición olvidada, que debe rezar se una vez concluida la Santa Misa Gregoriana y aun los fieles que asisten al Novus Ordus para invocar la Protección de San Miguel Arcángel y del sagrado Corazón de Jesus.
Recuperemos estas hermosas oraciones por la Unidad de la Iglesia y para la derrota del maligno. José Luis Ventrice.

LAS PRECES LEONINAS

El siguiente artículo fue publicado por Roma Aeterna. Una Voce.

No se puede negar que, a pesar de la firme voluntad del Papa de poner orden en lo que a la Sagrada Liturgia en el ámbito latino se refiere (secundado por la Congregación para el Culto Divino y la Pontificia Comisión Ecclesia Dei), reina aún la confusión en este campo. Décadas de experimentaciones, extralimitaciones y abusos desgraciadamente no se pueden borrar de un plumazo, ya que han creado atavismos y formas mentales que hacen olvidar que el culto público debido a Dios es obra de Cristo y de la Iglesia (como enseñó Pío XII) y no está sujeto al capricho personal de nadie, aunque se trate de obispo o aun cardenal. Hoy en día, a pesar de que la época que podríamos llamar “salvaje” de las celebraciones litúrgicas felizmente ya ha pasado, quedan no obstante resabios de rebeldía y, sobre todo, una cierta tendencia a decidir sobre elementos de los sagrados ritos que no son ad libitum, sino que están perfectamente reglamentados. Y esto se ha llegado a contagiar incluso inconscientemente a no pocos de quienes se acogen a los libros litúrgicos del usus antiquior del rito romano, como se ve en la difundida práctica de omitir completamente, al final de las misas rezadas, las preces leoninas, que, sin embargo, continúan estando vigentes con toda fuerza de obligatoriedad.

Como se recordará, el sacerdote, después del último evangelio desciende al plano del altar y se arrodilla para recitar tres avemarías, una salve con versículo y oración, el exorcismo corto de San Miguel y tres jaculatorias al Sagrado Corazón de Jesús. Tras lo cual se levanta, sube a la predela del altar para tomar el cáliz y retirarse hacia la sacristía. Pues bien, en varios lugares en los que se sigue la liturgia romana extraordinaria hemos podido comprobar cómo sacerdotes, por otra parte buenos y observantes, acaban la misa con el último evangelio y, todo lo más, se marchan al son de alguna antífona mariana o algún otro motete o cántico. Y no se trata de misas solemnes o cantadas, de misas conventuales o de circunstancia, en cuyo caso naturalmente se omiten las preces leoninas a tenor de la norma vigente. Hablamos de misas cotidianas, simplemente rezadas, las que antes se llamaban misas “privadas” (por razón de la solemnidad, no porque la misa sea un acto privado, que no lo es nunca). Aquí nos hallamos frente a un claro abuso, cometido probablemente por inadvertencia o por ignorancia y hasta conscientemente pero en buena fe.

Digámoslo claro: las preces leoninas no han sido suprimidas y continúan perfectamente vigentes a estar a la edición del Misal Romano de 1962, que se rige por el código de rúbricas de 1960 y los decretos complementarios de la entonces Sagrada Congregación de Ritos. Por lo que concretamente respecta a aquéllas, la última disposición que sirve de referente es el decreto de este dicasterio que lleva fecha del 9 de marzo de 1960. En él se disponen dos cosas: a) que las preces leoninas pueden suprimirse en las misas denominadas “dialogadas”, y b) que pueden recitarse en lengua vernácula. De todos modos, esto ha de interpretarse como una concesión y no como un mandato, ya que el texto del decreto dice “possunt” y no “debent”. Es decir, queda salva la posibilidad de seguir recitando las preces leoninas incluso en las misas dialogadas y en latín. En cualquier caso, las preces leoninas, aunque en un ámbito quizás más restringido que antes, siguen estando en vigor y son obligatorias, y nada excusa su omisión fuera de los casos permitidos por la legislación litúrgica. A nuestro modesto entender, no sólo son obligatorias, sino muy convenientes, especialmente en estos tiempos de sorda persecución contra la Iglesia y de encarnizamiento contra la persona del Santo Padre felizmente reinante.


Reflexionemos un momento en el hecho de que las preces leoninas fueron instituidas en circunstancias muy parecidas a las que nos está tocando vivir. En 1859, el beato Pío IX dispuso que todos los sacerdotes en el territorio de los Estados Pontificios rezaran de rodillas, inmediatamente después de la misa y juntamente con el pueblo, tres avemarías y una salve seguidas de una oración pidiendo la intercesión de los santos para conjurar los graves peligros que amenazaban el poder temporal de la Iglesia por obra de los sectarios. Éstos, no se olvide, llevaban a cabo una campaña de desprestigio y de odio contra el papa Mastai, semejante a la que hoy se desarrolla contra Benedicto XVI (el nivel de inquina contra el beato Pío IX era tal que durante sus funerales se llegó a pretender lanzar al Tíber el féretro con sus restos mortales, lo cual fue evitado a duras penas). Las preces ordenadas por aquél continuaron rezándose aún después de la caída de Roma y la expoliación sardo-piamontesa, pues el nuevo régimen emprendió una política anticlerical (con desamortización incluida). En 1884, León XIII renovó el mandato de rezar las oraciones de su predecesor y las extendió a todo el mundo para obtener la libertad de la Iglesia en Alemania, perseguida por Bismarck y su Kulturkampf. Después de la pacificación con el Reich, el mismo papa ordenó tres años más tarde que las preces pianas se rezaran por la conversión de los pecadores, pero modificó la oración después de la salve y añadió otra en forma de exorcismo dirigida a San Miguel Arcángel. Desde entonces pasaron a llamarse preces leoninas. En 1904, san Pío X añadió la triple invocación al Sagrado Corazón de Jesús. Finalmente, Pío XI -que había presenciado de cerca los horrores del comunismo cuando, antes de ser papa, fue nuncio en Polonia- estableció que las preces leoninas se ofrecieran por la conversión de Rusia.

Hay que decir que estas plegarias tan útiles no son propiamente litúrgicas, debiendo ser consideradas como un ejercicio de devoción privada (de ahí que se omitan en las misas que revisten solemnidad). Por eso se las ha querido eliminar en más de una ocasión de la recitación pública. Según refiere el P. Jungmann en su clásico libro El Sacrificio de la Misa (Missarum Sollemnia), en una sesión de la Sagrada Congregación de Ritos que tuvo lugar en 1928 se planteó su supresión y cuando ya todos estaban de acuerdo en ello, se levantó un anciano cardenal que peroró a favor de esas preces aduciendo que León XIII le había confiado que quería contrarrestar con ellas a la Francmasonería (cuyas intrigas contra la Iglesia había denunciado en su encíclica Humanum genus de 1884). Este argumento convenció a los asistentes a la sesión, que decidieron mantenerlas después de todo. Testigo de la escena fue el reverendo Franz Brehm, de la importante editorial litúrgica Pustet de Ratisbona, que fue quien se la contó al P. Jungmann. Dado que las circunstancias de entonces no han cambiado sino que, al contrario, han empeorado debido a la laicización y apostasía contemporáneas, no vemos por qué justo ahora pueda considerarse que las preces leoninas son inútiles.

Sí quizás podría modificarse la postura del sacerdote que las dice, ya que no se comprende bien por qué ha de arrodillarse con todos los ornamentos de sacrificador habiendo acabado la misa para recitar unas oraciones no litúrgicas. Sería conveniente que pudiera pronunciarlas de pie, aunque el resto de la asistencia continúe estando de rodillas. Pero hoy por hoy está mandada otra cosa y a ello hemos de atenernos hasta que la autoridad competente en materia litúrgica disponga otra cosa. No podemos criticar con autoridad moral las desviaciones en el culto de aquellos que reivindicaban -y persisten en reivindicar- “libertad”, “originalidad”, “creatividad”, “espontaneidad”, y han hecho mangas y capirotes de la acción sagrada, si caemos en la misma desobediencia a las rúbricas (aunque sea por buena voluntad) y comenzamos a suprimir cosas que nos parecen superfluas u obsoletas. Así comenzó la revolución litúrgica. Sigamos más bien el ejemplo de Santa Teresa, la cual decía que “habría dado la vida por la menor de las rúbricas” con lo cual expresaba un auténtico amor a lo que es en el fondo la liturgia: obra de Dios.




Decreto de la S. Congregación de Ritos
sobre las preces leoninas


Han preguntado algunos Ordinarios de lugar a la Sagrada Congregación de Ritos si el Decreto núm. 4.305, de 20 de junio de 1913, que permite que puedan omitirse las preces al fin de la Misa, cuando la misa se celebra “con alguna solemnidad”, puede extenderse también a las misas dichas “dialogadas”, que se tienen según la Instrucción de la S. Congregación de Ritos de 3 de septiembre de 1958, núm. 31.

Y la S. Congregación de Ritos, oído el parecer de la Comisión Litúrgica, ha juzgado que debe contestarse:

Affirmative et ad mentem.

La mente es: que las llamadas “Preces Leoninas” pueden omitirse:

1.- Cuando se celebra la Misa de Desposorios, o con ocasión de primera Comunión, Comunión general, sagrada Confirmación, Ordenación sagrada o Profesión religiosa.

2.- Cuando se siga inmediata y legítimamente alguna otra función o ejercicio piadoso.

3.- Cuando se tenga homilía en medio de la Misa.

4.- Cuando se celebra Misa dialogada, pero sólo en los domingos y días de fiesta.

5.- Además, los Ordinarios de lugar pueden permitir que dichas preces se digan en lengua vernácula, según texto aprobado por ellos.

Habiendo manifestado el infrascrito Cardenal Prefecto de la S. Congregación de Ritos todas estas cosas a nuestro Santísimo Señor Juan Papa XXIII, Su Santidad se ha dignado benignamente aprobar y confirmar la respuesta de la misma Sagrada Congregación. Sin que obste nada en contrario.

Día 9 de marzo de 1960.

L+S


C. Cardenal Cicognani, Prefecto

Enrico Dante, Secretari