jueves, 10 de septiembre de 2009

La Medalla de San Benito



La medalla de San Benito, propagada en todo el mundo hace más de 300 años, especialmente por los monjes benedictinos, es célebre por su eficacia extraordinaria en el combate contra el demonio y sus manifestaciones; en la defensa contra maleficios de todo género, contra enfermedades, especialmente las contagiosas, contra picaduras de serpientes y otros animales ponzoñosos; en la protección de animales domésticos, vehículos, etc.

Repetidas veces aprobada y alabada por los Papas, la medalla de San Benito, que une a la fuerza exorcizante de la Santa Cruz del Redentor –la señal de nuestra salvación– el recuerdo de los méritos alcanzados por la santidad eximia del gran Patriarca San Benito, es sin duda muy indicada para los fieles católicos.

La imagen de la Cruz representada en la medalla

Basta al cristiano considerar brevemente la virtud soberana de la Cruz de Jesucristo, para comprender la dignidad de una medalla en la cual está representada.

La representación de la Cruz despierta en nosotros todos los sentimientos de gratitud para con Dios, por el beneficio de nuestra salvación.

La Cruz causa terror a los espíritus malignos, que siempre retroceden ante ella, y apenas la ven se apresuran en soltar su presa y huir. Así pues, nuestra medalla, que representa en primer lugar la imagen de la Cruz, está en perfecta armonía con la piedad cristiana, y ya sólo por este motivo es digna del mayor respeto.

La imagen de San Benito representada en la medalla

La honra de figurar en la misma medalla junto con la imagen de la Santa Cruz fue concedida a San Benito con la finalidad de indicar la eficacia que tuvo en sus manos esta señal sagrada. San Gregorio Magno, que escribió la vida del Santo Patriarca, nos lo representa disipando con la señal de la Cruz sus propias tentaciones, y quebrando con la misma señal hecha sobre una bebida envenenada, el cáliz que la contenía, quedando así patente el perverso designio de los que habían osado atentar contra su vida. Cuando el espíritu maligno, para aterrorizar a los monjes, les hace ver el Monasterio de Montecasino en llamas, San Benito desvanece ese prodigio diabólico haciendo la misma señal de la Pasión del Salvador sobre las llamas fantásticas. Cuando sus discípulos andan interiormente agitados por las sugestiones del tentador, les indica como remedio trazar sobre el corazón la imagen de la Cruz. Por todo ello, es lícito concluir que era muy conveniente reunir en una sola medalla la imagen del santo Patriarca y la de la Cruz del Salvador.

Esto queda aún más claro al considerar que los dos grandes discípulos del siervo de Dios, San Plácido y San Mauro, cuando realizaban sus frecuentes milagros tenían la costumbre de invocar junto con el auxilio de la Santa Cruz, el nombre de su santo Fundador, y así consagraron, desde el principio, la piadosa costumbre expresada más tarde por la medalla.

Los caracteres que se leen en la medalla

Además de las imágenes de la Cruz y de San Benito, la medalla trae también cierto número de letras , cada una de las cuales representa una palabra latina. Las diversas palabras reunidas tienen un sentido que manifiesta la intención de la medalla: expresar las relaciones que existen entre el santo Patriarca Benito y la Santa Cruz; y al mismo tiempo, poner al alcance de los fieles un medio eficaz de emplear la virtud de la Santa Cruz contra los espíritus malignos.

Esas letras misteriosas se encuentran dispuestas en la cara de la medalla en que está representada la santa Cruz. Examinemos, en primer lugar, las cuatro colocadas entre los brazos de dicha Cruz:

C S

P B

Significan: Cruz Sancti Patris Benedicto; en castellano, Cruz del Santo Padre Benito. Esas palabras explican el fin de la medalla.

En la línea vertical de la Cruz se lee:

C

S

S

M

L

Lo que quiere decir: Cruz sacra sit mihi lux; en castellano, La Cruz sagrada sea mi luz.

En la línea horizontal de la misma Cruz, se lee:

N. D. S. M. D.

Lo que significa: Non draco sit mihi dux; en castellano, No sea el dragón mi guía.

Reuniendo esas dos líneas se forma un verso pentámetro, mediante el cual el cristiano expresa su confianza en la Santa Cruz, y su resistencia al yugo que el demonio querría imponerle.

Alrededor de la medalla existe una inscripción más extensa, que presenta en primer lugar el santísimo nombre de Jesús, expresado por el monograma bien conocido: I. H. S. (En el modelo más conocido de la Medalla de San Benito el monograma I. H. S. fue reemplazado por el lema benedictino PAX; en castellano, Paz). Vienen después, de derecha a izquierda, las siguientes letras:

V. R. S. N. S. M. V. S. M. Q. L. I. V. B.

Estas iniciales representan los dos versos siguientes:

Vade retro satana; nuncuam suave mihi vana

Sunt mala quae libas; ipse venena bibas.

En castellano: Apártate, satanás; nunca me aconsejes tus vanidades, la bebida que ofreces es el mal: bebe tú mismo tus venenos.

Tales palabras se supone que fueron dichas por San Benito: las del primer verso, con ocasión de la tentación que sintió y de la cual triunfó haciendo la señal de la Cruz; las del segundo verso, en el momento en que sus enemigos le presentaron una bebida mortífera, hecho que puso al descubierto bendiciendo con la señal de la vida el cáliz que la contenía.

El cristiano puede utilizar estas palabras cuantas veces fuere asaltado por tentaciones e insultos del enemigo invisible de nuestra salvación. El mismo Jesucristo Nuestro Señor santificó las palabras Vade retro, satana –Apártate, satanás– y su valor es cierto, una vez que el propio Evangelio nos lo asegura. Las vanidades que el demonio nos aconseja son las desobediencias a la ley de Dios, las pompas y falsas máximas del mundo. La bebida que el ángel de las tinieblas nos presenta es el pecado, que da muerte al alma. En vez de aceptarla, devolvámosle tan funesto presente, ya que él mismo lo escogió como herencia suya.

Basta que alguien pronuncie con fe tales palabras, para sentirse inmediatamente con fuerzas para arrostrar todas las embestidas del infierno. Aun cuando no conociéramos los hechos que demuestran hasta qué punto satanás teme esa medalla, la simple consideración de lo que representa y expresa, bastaría para que la consideráramos una de las más poderosas armas que la bondad de Dios puso a nuestro alcance contra la malicia diabólica.

Uso de la medalla de San Benito

No ignoramos que en este siglo mucha gente considera que el demonio es más bien un ser imaginario y no real; y así, puede parecer extraño que se acuñe y se bendiga una medalla, empleada como protección contra los ataques del espíritu maligno. Sin embargo, las sagradas Escrituras nos ofrecen innumerables pasajes que dan una idea del poder y la actividad de los demonios, así como de los peligros de alma y cuerpo a que estamos continuamente expuestos por efectos de sus celadas. Para aniquilar su poder no basta ignorar a los demonios y sonreír cuando se oye hablar de sus operaciones. No por eso dejará de continuar el aire siempre lleno de legiones de espíritus de malicia, conforme enseña San Pablo; y si Dios no nos protegiese, aunque casi siempre sin que lo sintamos, por el ministerio de los Santos Ángeles, sería para nosotros imposible evitar las innumerables celadas de estos enemigos de toda criatura de Dios.

Ahora bien, el poder de la Santa Cruz contra satanás y sus legiones es tal, que la podemos considerar un escudo invencible que nos hace invulnerables a sus flechas.

Concluimos entonces cuán ventajoso resulta emplear con fe la medalla de San Benito en las ocasiones en que más temamos los embustes del enemigo. Su protección, no lo dudemos, será eficaz contra todo tipo de tentaciones. Numerosos e innegables hechos señalaron su poderoso auxilio en miles de circunstancias en las cuales, o por acción espontánea de satanás, o por efecto de algún maleficio, los fieles estaban a punto de sucumbir ante un peligro inminente. Podremos igualmente emplearlo a favor de otros, como medio de preservación o de liberación, en previsión de los peligros que deban afrontar.

A menudo nos amenazan accidentes imprevistos, en tierra o en mar; si llenos de fe llevamos con nosotros la medalla, seremos protegidos. No hay circunstancias de la vida humana, por más materiales que fueren, en que ya no se haya manifestado por su intermedio, la virtud de la Santa Cruz y el poder de San Benito. Así, espíritus malignos, en su odio contra el hombre, embisten contra los animales empleados en su servicio, contra los alimentos que deben sustentar la vida; su intervención maléfica es muchas veces la causa de las enfermedades que padecemos; ahora bien, prueba la experiencia que el uso religioso de la medalla, acompañado por la oración, opera muchas veces el cese de las celadas satánicas, y un notable alivio en las enfermedades, y a veces hasta una curación completa.

ORACIÓN PARA PEDIR LA PROTECCIÓN DE SAN BENITO

Santísimo confesor del Señor; Padre y jefe de los monjes, interceded por nuestra santidad, por nuestra salud del alma, cuerpo y mente.

Destierra de nuestra vida, de nuestra casa, las asechanzas del maligno espíritu. Líbranos de funestas herejías, de malas lenguas y hechicerías.

Pídele al Señor, remedie nuestras necesidades espirituales, y corporales. Pídele también por el progreso de la santa Iglesia Católica; y porque mi alma no muera en pecado mortal, para que así confiado en Tu poderosa intercesión, pueda algún día en el cielo, cantar las eternas alabanzas. Amén.

Jesús, María y José os amo, salvad vidas, naciones y almas.

Rezar tres Padrenuestros, Avemarías y Glorias.

NOVENA BREVE PARA PEDIR UNA GRACIA

Rezar durante nueve días consecutivos la siguiente oración:

OH San Benito, mi protector bondadoso y de cuantos van a ti en sus apuros. Intercede por mí a Dios para que alivie mis sufrimientos y dificultades que ahora me agobian

(pídase aquí la gracia que se desea obtener)

Te lo pido con toda confianza.

Padrenuestro, Avemaría y Gloria

martes, 4 de agosto de 2009

5 de Agosto Santa Maria Madonna della Neve.





NUESTRA SEÑORA DE LAS NIEVES
Los libros litúrgicos actuales la titulan a esta fiesta: Dedicación de la Basílica de Santa María. Y dicen de ella algo que sintetiza la historia y leyenda que vamos a recordar: "Después del Concilio de Efeso (431) en el que la Madre de Jesús fue proclamada Madre de Dios, el Papa Sixto III (432-440) erigió en Roma, sobre el Monte Esquilino, una Basílica dedicada a la Santa Madre de Dios, basílica que fue llamada más tarde "Santa María la Mayor". Es la Iglesia más antigua dedicada en Occidente a la Virgen María".
Así contaba el breviario hasta la última reforma litúrgica la historia de esta festividad: En tiempos del Papa Liberio, a mediados del siglo IV, vivía en Roma una familia noble y muy rica. Tan rica que, por más limosnas que como ejemplares cristianos entregaban a los pobres, no se agotaban nunca. Por ello cierto día los dos esposos acudieron a la Virgen María suplicándole que les inspirase el modo más del agrado suyo y de su Hijo de hacer uso de sus riquezas. La Virgen vino en ayuda de Juan Patricio y su esposa mientras dormían. En sueños, y por separado, se les manifestó la Virgen María indicándoles que era su deseo que levantasen un templo en su honor en el lugar que ella les indicase. Era la noche del 4 al 5 de agosto en una Roma que es sumamente calurosa durante este tiempo pleno verano Boreal. Debían edificarlo sobre el Monte Esquilino y en aquella parte donde apareciera todo nevado.
Los dos esposos se dirigen para contarle la visión al Papa Liberio. El Papa había tenido también la misma visión que ellos. El Sumo Pontífice organiza una Procesión y todos se dirigen cantando himnos al Señor y a su Madre la Virgen María hacia el lugar indicado. Al llegar allí todos quedan admirados al contemplar aquellas maravillas. Aparecía un gran trozo de monte acotado por la nieve fresca y blanquísima. El pueblo canta de alegría y allí, en el corazón de Roma, levantan una magnífica Basílica en honor de Santa María, que dedicarían cuatro años después. Así surge la advocación de Nuestra Señora de las Nieves, Santa María del Pesebre o Santa María La Mayor, Basílica Liberiana, como se le llama.
Tiene esta Basílica recuerdos especiales que la ligan con España: A la entrada se encuentra una estatua del rey Felipe IV; el artesonado -que es maravilloso- fue decorado con el primer oro traído por los españoles de América.

Oración a Nuestra Señora de las Nieves

AMADA NUESTRA SEÑORA DE LA NIEVES
ESCUCHA MI ORACIÓN Y MI PLEGARIA
ACUDO A TI EN ESTE MOMENTO
CUANDO ESTOY TRISTE Y APURADO
BIEN SE QUE LO QUE PIDO
PARECE IMPOSIBLE,
PERO CON LA FE QUE TENGO EN TI
SE QUE PUEDES CONOCER
TODO LO QUE SE TE PIDE.
NO TE PIDO POR ORGULLO,
MAS BIEN ES POR NECESIDAD.
ESTOY AQUÍ DE TODO CORAZÓN
Y CON LAS MANOS ABIERTAS.
TE PIDO QUE EN LO QUE
JUSTICIA MEREZCA,
EN JUSTICIA RECIBA.
Santa María de las Nieves, la Virgen Blanca, Madonna della Montagna,
SOBRE LA BASÍLICA DE SANTA MARÍA
SOBRE LA VIRGEN BLANCA O SANTA MARÍA DE LAS NIEVES


¡Salve María!

HIMNO DE ALABANZA:

Vos navegáis, alma mía, por el mar del pensamiento,
do sois de contrarios vientos combatida cada día;
para no temer la fortuna mirad siempre aquella Estrella
del norte, pues, sin ella no habréis bonanza ninguna.

Y para más la obligar decidle por oración
esta devota canción: ‘Ave, la Estrella de la mar,
Madre de Dios creadora siendo Virgen de contino,
puerta dichosa , camino del cielo, y emperadora...

Mostraos, Virgen, ser madre a los tristes que padecen,
tome por Vos nuestras preces el que siendo vuestro Padre,
por nosotros quiso ser vuestro hijo, y, siendo Dios,
se hizo, dentro de vos, hombre para padecer...

Sea alabanza, por tanto, a Dios Padre Creador,
y a Cristo, muy gran Señor, con el Espíritu Santo;
una honra a todos tres sin dar ventaja a ninguno;
pues todo lo que es de uno, y de todos ellos es.
Alabanza Española

Palabra creadora
Apocalipsis 21, 1-5:
“Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque la primera tierra y el primer cielo han pasado, y el mar ya no existe. Vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo. Y escuché una voz potente que decía desde el cielo: Esta es la morada de Dios con los hombres: acampará entre ellos. Ellos serán su pueblo y Dios estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. Y el que estaba sentado en el trono dijo: “Ahora hago el universo nuevo”.

Esta visión, aplicada la Virgen María, Madre de Dios encarnado, nos hace contemplar a la Virgen-Madre como morada nueva, única, fecunda, prometedora. Ella será la Madre de Jesús que lo renovará todo en el Espíritu.

Evangelio según san Lucas 11, 27-28:
En aquel tiempo, mientras Jesús hablaba a las gentes, una mujer de entre el gentío levantó la voz diciendo: ¡Dichoso el vientre que te llevó en su seno y los pechos que te criaron! Y Jesús respuso: -Mejor; ¡Dichosos los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen!

Esa mujer, llamada en el Apocalipsis a ser morada de Dios, nueva Jerusalén, madre fecunda, es María de Nazaret, madre de Jesús, esposa de José. ¡Dichosa ella, por elegida y llena de gracia! ¡Salve, María!

Momento de reflexión:
Imagen de la Virgen de las Nieves

Quienes hemos recibido el don de la fe en Dios, en Cristo, en María, somos afortunados. Nosotros, creyentes, podemos permitirnos el lujo de comunicaros con Dos, con Cristo, con María, mediante un lenguaje íntimo, lleno de sentido espiritual.

Los no creyentes (a los que deseamos fe sincera) no pueden disfrutar de ese don, a ellos las palabras del Misterio de amor de Dios les resbalarán infecundas. Convoquémoslos a nuestra oración.

Nosotros, afortunados hijos, podemos jugar filialmente con en expresiones de fe y amor, porque sabemos que somos escuchados cuando cantamos a Dios, nuestro Padre, y lo vemos tras cien rostros graciosos; cuando cantamos a Cristo, nuestro Redentor, en su gozo, luz, dolor y gloria; y cuando honramos a María, Madre de Jesús, y le dedicamos noventa palabras de amor y agradecimiento por su fidelidad.

¿Cómo la cantamos y damos gracias en esta liturgia? Hoy, Señora, te llamamos María, la Virgen de las Nieves. Y en esa palabra e imagen descubrimos y ponemos

tu pureza, tu ternura, tu amor, tu cercanía, poder, bendición, fuerza protectora.

¡Bendita seas, blanca paloma, gracia inmaculada, belleza materna, Oh Virgen milagrosa Madonna della Neve!
Santa María, blanca como la nieve, ruega por nosotros.
Santa María, blanca como paloma, haznos vivir en amor puro.
Santa María, gloria de nuestra raza, ayúdanos a ser felices en el amor.
Santa María, Blanca como la Nieve, bendice nuestras familias.

Con esos sentimientos marianos podemos meditar hoy en la nueva alianza de amor que, según el texto de Jeremías, Dios quiere establecer con nosotros. Y podemos también preguntarnos qué pensamos de Jesús de Nazaret.

En cuanto a lo primero, alianza de amor, apreciemos lo que significa María en el proyecto de ‘Nueva Alianza’. Ella es una fecunda realidad. Según nuestra fe, María es la tomada de entre nosotros mediadora en esa sublime Alianza de Dios y del hombre a través del misterio de la encarnación del Hijo de Dios en su seno virginal. ¡Ave, María!

En cuanto a lo segundo, pulsemos bien nuestros sentimientos íntimos y seamos sinceros. ¿Podemos decir nosotros con firme persuasión, con inquebrantable confianza y fe, que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios? Si lo hacemos, felices de nosotros.
FLUVIUM
Descubrir la Voluntad de Dios y vivirla

Celebramos la fiesta de la Dedicación de la basílica de Santa María, y tomamos ocasión de los versículos de san Lucas que nos ofrece la Liturgia de la Iglesia, en la Misa de esta fiesta, para meditar en la singular alabanza que Jesús hace de su Madre. Pues, aunque pareciera que Nuestro Señor rectifica a la mujer que desea proclamar de modo expreso y públicamente la excelencia de María, el Señor más bien declara –del mejor modo posible, por cierto– la razón profunda por la que Ella, su Madre, merece, antes que ninguna otra persona, esa alabanza.

No es su maternidad, en el sentido biológico de la expresión –el vientre que te llevó y los pechos que te criaron–, tal como expresa la mujer del pueblo, la razón profunda de la excelencia de la Madre de Dios. Sin duda, el cuerpo de María ha sido el más perfecto de los cuerpos humanos, después del de su Divino Hijo. La maravilla de María está ante todo en su espíritu, pues no es lo corporal lo que caracteriza de modo específico al ser humano. Siendo María toda la hermosura y plenitud física que puede ser pensada en una mujer, sin embargo, si es en verdad la bendita entre todas mujeres, según proclama de ella Isabel, su prima, se debe a que es la llena de Gracia, en palabras de Gabriel.

La Gracia de Dios, que Santa María tiene en plenitud, supone una sintonía con el Creador máxima en Nuestra Madre: la mayor identificación y unión con Dios que es posible en una criatura. Santa María debe su excelencia, no tanto a lo que –podríamos decir– tiene como propio de Ella misma. Cualquier cualidad personal de María, siendo humana, y corporal en este caso, posee un valor necesariamente relativo por ser criatura. La Madre de Dios es ciertamente maravillosa, pero ante todo en su alma: su ser está en todo momento de máxima unión con Dios. Su entendimiento, su imaginación, su memoria, sus afectos, sus ilusiones, todo su esfuerzo...; en suma, toda su capacidad de pensar y de amar, se dirige de continuo a Él. Lo demás del mundo, siendo efecto de la creación divina, María lo contempla como realidades que manifiestan la gloria de Dios o, si son personas, con capacidad de darle gloria en el ejercicio de su libertad. Las cosas en sentido estricto –lo únicamente material– propiamente no pueden ser buenas o malas, ya que no tienen capacidad moral al no ser libres; las personas, en cambio, nos definimos respecto a Dios en cada momento por nuestras acciones libres. Según sea nuestro comportamiento, somos buenos o malos.

La alabanza de Jesús corresponde, por tanto, antes que nada a su Madre. Bienaventurados más bien los que escuchan la palabra de Dios y la guardan, dice el Señor. María "escuchaba" de continuo la voz de su Creador. A cada paso se le manifiesta su querer nítidamente, porque no tiene más interés que descubrir la voluntad de Dios para sí misma, para el mundo, para los hombres. Su exquisita sensibilidad sobrenatural, siendo la llena de Gracia, le hace captar ante todo lo que Dios espera en cada instante: en aquello que le afecta personalmente de modo directo, y en las otras situaciones del mundo de las que tiene noticia. María es la que escucha a Dios por antonomasia. La que descubre el querer divino –siempre amoroso por lo demás– para cada instante: nada la distrae de Dios, y así puede agradarle en todo.

Descubrir la Voluntad de Dios, de nuestro Creador y Señor, reclama del hombre un empeño por identificarse con esa Voluntad con todas las fuerzas. Nada de lo que reconocemos como querer divino nos debe resultar indiferente. El buen cristiano vibra en deseos de ver establecida la voluntad divina por todas partes: hágase tu Voluntad en la tierra como en el cielo, rezamos muy frecuentemente. Nos consume la impaciencia, mientras no son las cosas a nuestro alrededor como las quiere Dios; y pedimos perdón por los que no saben valorar ese Señorío y Amor divinos que debe establecerse de modo universal.

Conocemos por la fe que el destino del mundo es inseparable de un triunfo clamoroso y glorioso de Dios ante toda la creación. Diríamos, entonces, que la Voluntad de Dios está llamada a triunfar indudablemente: es omnipotente, como Dios mismo. Por otra parte y en otro sentido, la Voluntad de Dios ha quedado encomendada, en algunos aspectos, como una tarea para el hombre. Decimos, por esto, que debemos cumplir la Voluntad de Dios. Ya que gozamos de capacidad de opción en tantas manifestaciones del comportamiento humano, debemos configurar nuestra vida, entendida como tarea con la que nos vamos adecuando segundo a segundo, con ese querer divino que podemos descubrir. Así, pues, a cada paso, levantando los ojos del espíritu hacia Dios, descubrimos lo que espera de nosotros hoy y ahora, lo que más le agrada entre las varias opciones que se nos presentan. Amarle consiste, desde luego, en escoger aquello que nos "pide", aunque tal vez nos pueda costar.

Si a María nada la distrae de Dios; si, persuadida de su pequeñez y de la grandeza del Creador, únicamente piensa en Él, y en el mundo que debe manifestar su gloria, de modo particular en la vida de los hombres; otro tanto sucede con su querer. La Madre de Dios es, asimismo, la que guarda por antonomasia la divina palabra, la Voluntad de Dios. He aquí la esclava del Señor, declaró ante el arcángel, manifestando así lo que sería el programa de su completa existencia. La vida de María se consuma, pues, plenamente en la condición que su divino Hijo exige a los Bienaventurados, que escuchan la palabra de Dios y la guardan.

Sigamos el consejo de san Josemaría: Invoca a la Santísima Virgen; no dejes de pedirle que se muestre siempre Madre tuya: "monstra te esse Matrem!", y que te alcance, con la gracia de su Hijo, claridad de buena doctrina en la inteligencia, y amor y pureza en el corazón, con el fin de que sepas ir a Dios y llevarle muchas almas.
Dedicatoria Final:

Hermanos en Cristo y amigos míos, quiero compartir con Ustedes, la alegría inmensa y la gratitud que le debo a mi Padre Giussepe Ventrice, a mis Abuelos Paternos Carmela Grillo de Ventrice y Giusseppe Ventrice; por la Devoción a nuestra Señora que trajeran de su aldea natal Zaccanapoli, tierra de mis ancestros, en la cima del Monte Poro, desde donde se ve la inmesidad del Mar Tirreno.
Les agradezco a ellos que hoy ya están cantando, con la gracia de nuestro Señor, las honras a la Madre de Dios, en su advocación de Santa Maria Madonna della Neve; en la Patria Celestial, donde si mi Madre Maria, a quien me enseñaron a honrar y venerar, me permite con su celestial intercesión cantare con ellos alabanzas a Nuestra Señora, por todos los siglos.
Te pido Madre Santa, por mi familia, por la familia de todos mis amigos, por sus queridos difuntos para que estén contigo en la Gloria del Reino de Cristo.
Te pido también Maria por la Patria de mis antepasados Italia y España, para que devuelvas la fe a las que la han perdido, triunfes sobre los herejes, infieles e impíos y hagas brillar por siempre la luz de la única y verdadera fe la Católica, Apostólica y Romana.
Te pido por las intenciones del Santo Padre Benedicto XVI y por la causa de la Restauración plena y en pie de igualdad del Rito de San Pío V o Misa de san Gregorio Magno, permite la unidad de todos los que defendemos la santa tradición y castiga a los impíos que profanan tu templo.
Santa Madre de Dios Maria bajo la advocación de Santa María de las Nieves, a ti encomiendo mis suplicas, la de mis amigos, parientes, superiores y bienhechores. En especial te pido por los buenos sacerdotes y para que nos envíes más buenos, fieles y santos sacerdotes, religiosos y religiosas, fieles a la verdad y a la liturgia piadosa.
Por ultimo Santa madre te doy gracias por todas las cosas buenas que me has dado en estos años. Gracias santa Maria.

Las imágenes siguientes son: Imagen del Nuestra Señora de las Nieves. Zaccanapoli, Calabria Italia; templo de nuestra Señora de las Nieves, Pila Bautismal de 1686, que procede de un templo más antiguo de la desaparecida ciudad Griega de Aramoi, destruida por los infieles turcos, de esta ciudad Greco Bizantina de Asia Menor, proceden los habitantes de las actuales aldeas de Zacanapoli, Zungri y Zambrone.
¡Viva Santa Maria Madonna della Neve!

José Luis Ventrice.